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Día del Padre

La doble misión de Jorge Antonio: ser salvavidas y padre

El integrante del Escuadrón de Salvamento Acuático combina su labor en Mazatlán con la responsabilidad de ser padre, una experiencia que, asegura, ha transformado su manera de ver la vida y de proteger a los demás
21/06/2026 07:00

MAZATLÁN._ Mientras las familias disfrutan del sol y el mar, Jorge Antonio Ubario Velázquez permanece atento a cualquier señal de peligro, pues su trabajo como salvavidas consiste en proteger vidas, pero hay una que ocupa un lugar especial en sus pensamientos: la de su hijo Jorge Alejandro.

Con el silbato que cuelga de su cuello, la mirada de Jorge Antonio permanece fija en el horizonte y sus pasos recorren la arena una y otra vez.

A sus 34 años, combina dos responsabilidades que, aunque distintas, tienen mucho en común: ser padre y ser salvavidas, ya que ambas exigen vigilancia, sacrificio y la capacidad de actuar en segundos cuando alguien necesita ayuda.

Hace ya dos años ingresó al Escuadrón de Salvamento Acuático de Mazatlán, sin embargo, la experiencia de ser padre comenzó mucho antes, hace 14 años, cuando nació su hijo; y desde entonces, asegura, la vida dejó de girar únicamente alrededor de él.

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Como muchos hombres, recuerda una etapa en la que actuaba sin pensar demasiado en las consecuencias, cuando la juventud estaba marcada por la impulsividad, por las decisiones tomadas al momento y por la sensación de que nada podía salir mal, pero la llegada de un hijo cambió por completo esa perspectiva.

“Principalmente, ser padre significa responsabilidad. Cuando llegó mi hijo sí tuve que ponerme más serio, más responsable. Ya no veía la vida de la misma manera”, comentó.

“Ya me tengo que preocupar por la personita que llegó a mi vida. Tengo que poner otro tipo de atenciones y otro tipo de cuidados”.

De pronto, cada decisión comenzó a tener un peso distinto, pues supo que los riesgos ya no solo le afectaban a él, sino también podían impactar a la pequeña persona que dependía de su presencia y su ejemplo.

Convertirse en padre lo volvió más cauteloso y aprendió a medir mejor sus acciones, a pensar dos veces antes de actuar y a entender que la responsabilidad no termina al salir de casa ni al concluir una jornada laboral.

“Cuando uno no tiene hijos hace las cosas sin pensar tanto, pero ya después de tener hijos la piensas más para cualquier cosa. Te vuelves más cauteloso al hacer las cosas porque no sabes cómo va a repercutir en tus hijos y qué ejemplo les vas a dar”, expresó.

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Esa forma de ver la vida encontró un nuevo significado cuando comenzó a trabajar frente al mar, y desde su torre de vigilancia ha observado escenas que se repiten durante cada temporada vacacional, desde niños que se alejan de sus padres por unos segundos, familias que entran en pánico al perderlos de vista, hasta turistas que subestiman la fuerza de una corriente marina, momentos en que ya no observa únicamente como un rescatista.

“Muchas veces nos toca atender situaciones con niños y ahí empiezas a pensar como padre. Vas a buscarlos pensando ‘¿Y si fuera mi hijo?’. Por eso, invitamos mucho a la gente a que tenga más responsabilidad con sus hijos, porque las tragedias en un ratito pasan”, dijo.

“Como padre, no me gustaría que a mi hijo le pasara algo por un descuido mío”.

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Cuando recibe un reporte sobre un menor desaparecido en la playa, Jorge Antonio inevitablemente piensa en su propio hijo y la angustia de los padres se vuelve cercana y comprensible; por eso, cada búsqueda adquiere un sentido personal.

La experiencia que más lo marcó ocurrió poco después de integrarse al cuerpo de salvavidas en la zona de Playa Brujas, donde le tocó rescatar a dos niños que eran arrastrados por una corriente.

Con ayuda del padre de los menores logró ponerlos a salvo, pero la imagen permaneció en su memoria mucho tiempo después de que la emergencia terminara, ya que aquella intervención le hizo imaginar lo que sentiría si quien estuviera luchando contra las olas fuera Jorge Alejandro y, desde entonces, las lecciones aprendidas en la playa viajan también hasta su hogar.

Es por eso que cuando su hijo lo acompaña al mar, aprovecha para enseñarle aquello que no siempre aparece en los señalamientos: cómo identificar zonas peligrosas, por qué no debe confiarse de un mar aparentemente tranquilo y la importancia de respetar las indicaciones de seguridad.

“Cuando viene mi hijo a la playa sí le digo que tenga cuidado, que no se meta en ciertas zonas porque una corriente o una ola lo pueden poner en riesgo. De vez en cuando viene conmigo y le explico en qué me puede ayudar y en qué no, porque siempre hay situaciones de riesgo en la playa”, declaró el salvavidas.

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A veces, el adolescente incluso lo acompaña de manera voluntaria durante algunas actividades permitidas, observando de cerca el trabajo de quienes permanecen alerta mientras otros descansan.

Para Jorge Antonio, esos momentos tienen un valor especial y los considera oportunidades para compartir tiempo juntos y transmitir enseñanzas que podrían marcar la diferencia algún día.

La mayor recompensa llega cuando escucha a su hijo decir que se siente orgulloso de él, y aunque la frase le provoca satisfacción, también despierta cierta nostalgia, pues recuerda que ser salvavidas significa trabajar cuando otros celebran, permanecer en servicio durante vacaciones, días festivos y reuniones familiares.

“Mi hijo me ha dicho que está muy orgulloso de mí, del trabajo que tengo y de la responsabilidad que implica cuidar personas. Eso me hace sentir orgulloso, aunque también un poquito triste porque este trabajo consume mucho tiempo y me pierdo muchas cosas”, externó.

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Este Día del Padre no será la excepción, pues mientras muchas familias se reunirán alrededor de una mesa o compartirán una comida especial, Jorge Antonio estará vigilando el mar, atento a cualquier emergencia.

Es una realidad que no siempre resulta sencilla de aceptar al haber celebraciones que se pierden y momentos familiares que deben posponerse, sin embargo, entiende que su labor consiste precisamente en permitir que otras familias regresen completas a casa.

Razón por la que cada vez que observa a un niño correr por la arena tomado de la mano de su padre, recuerda la razón por la que eligió mantenerse firme frente al mar, porque sabe que detrás del uniforme, el silbato y las labores de rescate, hay un hombre que conoce el valor de un abrazo al final del día.

“Me toca trabajar el Día del Padre y estar al cuidado de las familias que vienen a la playa, y aunque sí llega a sentirse uno un poquito agüitado, porque es el segundo año que me toca no estar junto con él celebrando ese día, un mensaje de mi hijo sí te levanta el ánimo”.

De esta forma, mientras las olas rompen una y otra vez sobre la costa mazatleca, Jorge Antonio continúa cumpliendo una misión doble: la de cuidar a quienes entran al mar y seguir siendo el mejor ejemplo posible para el hijo que lo espera en casa.