Llaman a vivir el amor y la humildad en misa de Jueves Santo en Catedral de Mazatlán
MAZATLÁN._ Con una vasta asistencia de creyentes, religiosas y sacerdotes, se llevó a cabo la misa de la Cena del Señor durante el Jueves Santo en la Catedral Basílica de la Inmaculada Concepción, con un llamado a vivir el amor, la humildad y la misericordia de esta celebración.
En el inicio de los días más solemnes de la Semana Santa, ante cientos de fieles se desarrolló una de las ceremonias más significativas del calendario litúrgico católico, en la que se conmemora la institución de la eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor expresado en el lavado de los pies.
La celebración fue encabezada por el Obispo de la Diócesis de Mazatlán, Mario Espinosa Contreras, quien presidió también el tradicional rito del Lavatorio de Pies a 12 personas, representando a los apóstoles.
Durante el acto, Espinosa Contreras estuvo acompañado por el canciller de la Diócesis, Jaime Aguilar Martínez, para, de esta forma, reforzar el sentido de la comunión y servicio dentro de la iglesia.
A través del mensaje compartido por Aguilar Martínez recordó que la Última Cena de Jesús no solamente representó un momento previo a su pasión, sino que además fue un acto en el que instituye la eucaristía como signo permanente de su entrega, al ofrecer el pan y vino como su cuerpo y sangre, estableciendo así el sacrificio redentor.
“Se trata de un acontecimiento salvífico, una experiencia de salvación en la que el Señor, con brazo fuerte, nos ha rescatado. La Pascua es un hecho grandioso que el pueblo está llamado a recordar continuamente en su alabanza”, dijo.
“¿Cómo pagarle al Señor todo el bien que me ha hecho? Levantaré la copa de la salvación, el triunfo de Cristo sobre la muerte y el pecado, La eucaristía es memoria viva de ese momento en que Jesús tomó el pan y el vino y los ofreció como su cuerpo y su sangre”.
El momento central de la liturgia fue el lavatorio de pies, gesto profundamente simbólico que evoca la humildad de Cristo al ponerse al servicio de sus discípulos, por lo que en este contexto, Aguilar Martínez desarrolló una reflexión teológica durante el sermón, explicando que este acontecimiento debe entenderse como una experiencia de salvación, donde Dios rescata a su pueblo e invita a participar en su amor.
“Jesús amó a los suyos hasta el extremo, y ese amor se concreta en el servicio. Aquel Dios que parecía inalcanzable se levantó de la mesa y vino a nosotros. Cristo se despojó de sí mismo, se anonadó, para asumir nuestra condición humana”, explicó.
“El Señor quiere servirnos incluso desde nuestra mayor fragilidad, desde lo más profundo de nuestra miseria. El lavado de los pies significa dejar que Dios entre en lo más íntimo de nuestra vida y nos transforme con su misericordia”.
Además, profundizó en el significado del gesto de Jesús al levantarse de la mesa, interpretándose como la decisión divina de acercarse al ser humano, indicando que el despojarse de sus vestiduras simboliza la encarnación y la entrega total de Cristo, quien asume la condición humana para redimir desde dentro, compartiendo incluso el dolor, la fragilidad y las emociones propias del hombre.
En su explicación, destacó que el uso del agua en el Lavatorio de Pies remite a signos fundamentales de la fe cristiana, como el bautismo, así como a los pasajes evangélicos donde Jesús habla del “agua viva”, entendida como la gracia que transforma la vida del creyente.
“Si no te lavo, no tienes parte conmigo, es decir, si no dejas que Dios te ame, no puedes participar plenamente en Él. Muchas veces tenemos miedo de que Dios vea nuestra fragilidad, pero es precisamente ahí donde quiere encontrarnos”, declaró.
Aguilar Martínez enfatizó que el amor de Cristo, expresado “hasta el extremo”, se manifiesta precisamente en su disposición de servir en lo más humilde, al lavar los pies de sus discípulos, lo que representa simbólicamente a toda persona.
Asimismo, agregó que este acto invita a los fieles a permitir que Dios entre en sus zonas de mayor fragilidad, superando el temor a ser vistos en su debilidad.
La celebración incluyó la adoración al Santísimo Sacramento, símbolo del cuerpo de Cristo, así como la bendición de los frutos de la tierra y del pan, que fue repartido entre los asistentes al término de la misa, en un gesto de comunión y fraternidad.
Finalmente, se informó que como parte de las actividades de la Semana Santa, este Viernes Santo se llevará a cabo la Liturgia de la Pasión del Señor en la misma Catedral, donde se recordará la muerte de Jesús en la cruz, dando continuidad a los momentos más solemnes de esta conmemoración religiosa.