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Día del Niño

Violencia le arrebata infancia a ‘Mario’, desplazado de la sierra de Concordia

Menores que huyeron de sus comunidades enfrentan miedo, rezago escolar y dificultades para adaptarse a una nueva vida en Mazatlán
30/04/2026 06:00

MAZATLÁN._ En Pánuco, Concordia, dejó su infancia, sus días de celebrar el Día del Niño. La violencia se la arrebató.

Juguetes, amigos y su vida se quedaron en la sierra. Con menos de una década de edad, “Mario” ya conoce el miedo que le ha obligado a sobrevivir.

Junto a su familia, el pequeño tuvo que dejar su hogar en Concordia para refugiarse de una guerra que no pidieron, de un desplazamiento que fue su único camino para continuar.

Primos, tíos, padres y hermanos, cientos de infantes y jóvenes han tenido que madurar para adaptarse de la vida sencilla a la bulliciosa ciudad en Mazatlán, de una escuela con poco alumnado a una sobrepoblada.

Incluso, cuando abruptamente decidió venir al puerto, la familia de “Mario” solo alcanzó a sacar lo poco puesto y documentos, y dejó atrás propiedad, animales y sus juguetes.

“Recuerdo constantemente cómo me gustaba jugar con mis juguetes, con los de mis primos, y ahora no sé quién los tiene y eso me enoja, me pone triste”, dijo el niño.

En el marco de la celebración del Día del Niño y la Niña, hay una población desplazada, a quienes los gobiernos les deben su tranquilidad, sus pertenencias acumuladas de años, pero sobre a su niñez interrumpida y confundida que se refleja en los estudios y en su mirada de nostalgia por lo que tuvieron que dejar atrás, narró personal de acompañamiento de esta familia concordense y de otras más que han atendido.

Y es que es en la sierra de Concordia, donde más movimiento de familias completas con desplazamiento se ha registrado y en su gran mayoría se ha dirigido a Mazatlán, un lugar que ha tenido que adoptarlos para que salgan poco de sus nostalgias, sus miedos y sueños en su proceso de volver a empezar.

Para “Mario”, el 30 de abril no solo dejó de ser una celebración porque en la escuela no le ha ido nada bien para poderse adaptar; reprobó y se le está dificultando para integrarse a un grupo que se conoce desde el primer grado y ha preferido en silencio ver pasar las horas en la clase sin poner atención, porque su mente sigue confusa por el miedo y sus pérdidas.

El pequeño sueña con volver algún día a su hogar y encontrar todo igual como lo dejó, mientras tanto ha tenido que recibir apoyo de terapias para entender que ha pasado en su día a día y que le respondan una a una muchas preguntas, pero sobre todo desechar el sentimiento de miedo y enojo por aquellos que le despojaron sin clemencia de lo suyo y de los suyos.

Maestros, compañeros de clase y familia han sido su fortaleza para sacar a flote sus estudios, pues dice sentirse desubicado y perdido aún cuando por derecho debe festejar el Día del Niño, pues quizás sea de sus últimas celebraciones.