Aguililla, destruida por el CJNG, pese a ser la tierra de ‘El Mencho’
Por: Carlos Arrieta / Tierra Caliente, Michoacán
Una vez entregado su cuerpo, Nemesio Oseguera Cervantes podría ser enterrado —como era su voluntad— en Naranjo Viejo, el pueblo en Aguililla, Michoacán donde nació el 17 de julio de 1966.
El ex párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe y todavía portavoz de la gente de ese municipio ubicado en la región de la Tierra Caliente, documentó el recrudecimiento de la violencia en la zona, tras la captura y muerte de “El Mencho” en un operativo del Ejército el pasado domingo en el estado de Jalisco.
En una serie de fotografías tomadas por lugareños y difundidas por el Padre Gilberto Vergara García, se observa lo que queda —casi nada— de aquel Aguililla alegre, pintoresco y tranquilo que sobrevive únicamente en los recuerdos de quienes lo conocieron dos décadas atrás.
Este martes, personal de la Guardia Nacional y del Ejército Mexicano liberaron y rehabilitaron los caminos y tramos carreteros que unen a otros municipios con Aguililla, y que el domingo quedaron trozados y bloqueados por vehículos incendiados.
La cabecera municipal y la tenencia de Dos Aguas se convirtieron igualmente en un escenario de decenas de vehículos quemados. Adicionalmente, fueron siniestradas a tiros y con fuego la terminal de autobuses Galeana, algunas oficinas del Ayuntamiento y una sucursal del Banco del Bienestar.
La esperanza de los habitantes —que ahora se refugian en sus viviendas la mayor parte del día— es ver si por fin el Estado mexicano logra recuperar la gobernabilidad y seguridad del municipio.
En la zona, por los estragos de los constantes enfrentamientos, es imposible encontrar una estación de gasolina en funciones. Los pobladores se abastecen de combustible con garrafones traídos desde Colima. Tampoco hay supermercados o tiendas de conveniencia. Todo, a consecuencia del yugo criminal.
“Los habitantes no tienen tanta expectativa o más bien están expectantes a ver qué va a acontecer, pero ya se sabe porque son años y más años de esta situación que cambia constantemente, pero siempre cambia a más cruenta y grosera; más adversa para el pueblo que se ha tenido que adaptar al cambio, pero siempre lo sigue sufriendo”, señala el ex párroco de Aguililla, Gilberto Vergara García.
“Esperemos que el Estado nos sorprenda con cambios verdaderos y cambios duraderos”, añade el presbítero, quien advierte que de lo contrario, a las y los aguilillenses les va a tocar padecer la disputa interna entre facciones por el liderazgo del Cártel Jalisco Nueva Generación, tras la caída de su líder.
Sin una acción contundente a nivel estatal y federal —lamenta el Padre Gilberto Vergara de la Diócesis de Apatzingán— la tierra del fundador del cártel se convertirá en uno de los principales escenarios de violencia de esa lucha intestina por el poder.
Analí, quien fue maestra de primaria en Aguililla, además de integrante de las autodefensas, concuerda con la visión del ex párroco.
“Mi hermana, sus hijas y familiares de mi esposo alcanzaron a salir hoy de Aguililla aprovechando que llegaron militares y policías estatales. Ya empezaban a padecer hambre y sed, y no tenían la forma de conseguir gas, que por mala suerte se les acabó en estos días de guerra”, relata.
Ella logró irse con su pareja desde 2022, luego del asesinato del Alcalde César Arturo Valencia Caballero, perpetrado el 11 de marzo de ese año por el entonces jefe de plazas de esa organización criminal, Ricardo Carrillo Mendoza, conocido como “El Alacrán”.
Desde entonces y de manera paulatina, la mayoría de la familia de Analí ha ido dejando Aguililla para migrar hacia los Estados Unidos.
Solo su hermana y sus sobrinos permanecían ahí, inmersos en un infierno, como el resto de los habitantes: entre sicarios drogados todo el tiempo, disparos, abusos sexuales y amenazas constantes.
“Viven, pues, sin libertad, a las buenas de lo que ese grupo de gente decida y siempre sus decisiones son muy malas, vengativas, asesinas y perversas. Ya no es la misma Aguililla”, afirma.
Aguililla, entre el cielo y el infierno
Luego de ser uno de los municipios de Michoacán más productivos y ricos en cultura, historia y tradición, Aguililla se convirtió en uno de los lugares más golpeados por el yugo delictivo, a excepción de los cuatro años —de 2013 a 2018— que estuvieron al frente las autodefensas.
La tranquilidad y belleza de sus pueblos empezó a mermar en el año 2002, cuando Los Zetas tomaron por asalto el territorio. Luego hicieron lo mismo Los Caballeros Templarios y después el Cártel Jalisco Nueva Generación, que en 2019 se hizo del control del municipio y mostró su poderío en armamento, recursos económicos y ejércitos bien adiestrados para enfrentar tanto a autoridades como a sus antagónicos.
Meses después, el 14 de octubre, esa organización criminal fundada y liderada por el hoy abatido Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”, dio una primera exhibición del nivel de violencia que era capaz de generar: integrantes del grupo emboscaron y asesinaron a tiros, con explosivos y lanzagranadas, a 13 policías estatales.
El grupo delictivo, liderado en ese entonces por Miguel Ángel Fernández, “El M2”, prendió fuego a los cuerpos de los oficiales muertos y dejó gravemente lesionados a nueve más. Esa fue su primera ofensiva con alto grado de violencia.
El 11 de noviembre de ese mismo año, fuerzas estatales y federales detuvieron a más de una decena de sicarios de esa célula del CJNG, a los que les aseguraron camionetas blindadas relacionadas con la emboscada.
Luego de ese operativo, las autoridades se replegaron por un tiempo; no así el grupo criminal poderosamente armado, que sostuvo una guerra por el control del territorio contra Los Viagras y Los Blancos de Troya, agrupaciones que hoy son sus aliadas.
Ese choque criminal y los ataques de las fuerzas al cártel de Oseguera Cervantes, provocó un éxodo de habitantes en las localidades de ese municipio que huyeron a otras zonas de la Tierra Caliente y en otros casos a Estados Unidos.
El 10 de enero de 2020, policías estatales y personal militar irrumpieron en Aguililla y al intentar recuperar el control de la seguridad chocaron a tiros con esa célula delictiva. Detuvieron a ocho sicarios, entre ellos, una joven mujer: María Guadalupe López Esquivel, “La Catrina”, responsable del pago de la nómina de ese grupo del narco.
Al recibir un disparo en el cuello y pese a la primera atención médica del personal de sanidad del Ejército, “La Catrina” fue declarada muerta.
La Catrina, también era una de las parejas sentimentales del jefe regional del CJNG, Miguel Angel Fernández Valencia, “EL M2”, quien después de ese operativo, estuvo a salto de mata, hasta que el 29 de enero del 2022, fue abatido por elementos del Ejército Mexicano, durante una intervención militar por tierra y aire.
Las fuerzas estatales y federales no olvidan que esa mujer fue la encargada de colocar en los cuerpos de los 13 policías emboscados y asesinados, las cartulinas con mensajes en los que el CJNG se adjudicaba el multihomicidio.