Bahía Magdalena, BCS: un santuario sin protección frente a la pesca industrial
Por Daniela Reyes / Causa Natura Media
Un grupo de turistas atravesaba Bahía Magdalena, una bahía de 50 kilómetros en el norte de Baja California Sur. En su recorrido observaron ballenas grises, delfines y lobos marinos, hasta que se encontraron con cinco barcos industriales que echaban sus redes en forma de cercos al mar para capturar sardinas y otros pelágicos menores.
Era febrero, el periodo de mayor presencia de ballena gris en la zona. Observaron algunos lobos marinos y ballenas cerca de las redes; presuntamente uno de los lobos quedó atrapado en ellas, un hecho que coincide con un varamiento registrado días después.
A diferencia de otras islas, como Isla de Cedros, que integran el Área Natural Protegida Islas del Pacífico de la Península de Baja California, Bahía Magdalena solo tiene protegida la porción terrestre de sus islas e islotes pero no su zona marina; por lo tanto, no existen restricciones para la pesca industrial con cerco.
Incluso prestadores de servicios turísticos han denunciado la presencia de barcos pesqueros que usan redes de arrastre en la bahía, un arte de pesca prohibido por la Norma Oficial Mexicana NOM-002-SAG/PESC-2013 en todas las bahías, lagunas y esteros de México.
Lo que debería ser un santuario para las especies, enfrenta la contradicción de ser, al mismo tiempo, una zona estratégica para la pesca industrial.
Un ecosistema clave sin protección marina
La Bahía Magdalena es una zona rica en biodiversidad debido a sus manglares y su estero, lo cual ha resultado atractivo para realizar ecoturismo. Las personas que la visitan disfrutan de paseos por el manglar, de la pesca deportiva y del avistamiento de aves migratorias y residentes, así como de ballena gris y jorobada.
Con la migración de la sardina a la bahía, también se ha aprovechado el avistamiento de sus depredadores, como marlines, dorados, delfines y lobos marinos. Eso ha atraído a un turismo internacional, de acuerdo con Mariel Bravo, instructora de buceo y prestadora de servicios turísticos.
A pesar de que la NOM-131 establece que durante la actividad de observación de ballenas no se puede pescar, Lorena Viloria, profesora investigadora e integrante del Programa de Investigación de Mamíferos Marinos (Primma) de la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS) apuntó que la norma no específica claramente a qué zonas aplica la restricción.
“Las ballenas hacen una migración de 12 mil kilómetros, llegan cansadas y se encuentran con el ruido de motores de los barcos gigantes interfiriendo en su comunicación, y pescando, quitándoles el alimento. Es preocupante, la verdad. Es mucha presión”, señaló Jorge Rodríguez, fundador y director de operaciones del proyecto ambiental Blue Bay Project en Bahía Magdalena.
De acuerdo con datos abiertos de la Conapesca, actualizados hasta diciembre de 2025, seis embarcaciones mayores cuentan con autorización para operar dentro de la zona.
“El archipiélago de Magdalena tiene la particularidad de que es únicamente terrestre, o sea, no comprende la parte marina. Por lo tanto, toda la actividad que tiene que ver con la extracción pesquera es competencia de la Comisión Nacional de Pesca y Acuacultura (Conapesca)”, explicó Jesús Porras, director de la Reserva de la Biosfera de las Islas del Pacífico de la Península de Baja California.
Para los prestadores de servicios turísticos, esta situación refleja una contradicción entre la importancia ecológica de la zona y las actividades autorizadas en ella.
“Bahía Magdalena es un área crítica de descanso y de reproducción para la ballena gris y no entendemos cómo es posible que se autoricen actividades de pesca industrial tan invasivas en una zona que sería un santuario para las ballenas grises. Es un ecosistema clave para la pesca ribereña y el turismo sostenible. La pesca industrial es claramente una interacción negativa directa con la megafauna”, denunció Bravo.
De acuerdo con el monitoreo de ballena gris que realiza el Primma de la UABCS, la especie atraviesa un momento preocupante a causa del cambio climático, y factores como el turismo mal realizado que acosa a las ballenas y el ruido de las embarcaciones ya sean turísticas o pesqueras, aumentan el estrés sobre la especie.
Por ejemplo, en 2026 no registraron una sola hembra con cría en el canal de López Mateos; en 2025 México rompió su récord con 97 ballenas muertas en sus costas, mientras que de 500 ballenas fotoidentificadas, 170 estaban en una mala condición corporal. Aunado a esto, también han registrado una disminución de presencia de la especie en Bahía Magdalena ya que en 2025 fotoidentificaron mil 100 ballenas, y en 2026 solo registraron 700.
“Nunca antes en la historia se habían registrado tantos varamientos, y si lo sumas con el número de crías observadas durante los censos, es altamente preocupante porque la única manera de que las poblaciones se hagan pequeñas es: sin crías y que aumenten los muertos. Y justo pasan ambas cosas. Es un problema fuerte lo que está viviendo la ballena gris”, explicó Viloria, quien es también coordinadora del monitoreo de ballena gris en el complejo lagunar Bahía Magdalena, Bahía Almejas y López Mateos.
Bravo añadió que, aún cuando estas embarcaciones cuenten con la autorización de Conapesca para operar, incurren en otras violaciones a la Ley General de Vida Silvestre y a la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, ya que generan disturbios a especies protegidas por la Norma Oficial Mexicana NOM-059.
Por estas contradicciones, la comunidad de Bahía Magdalena, encabezada principalmente por prestadores de servicios turísticos y organizaciones de la sociedad civil, consideran necesario fortalecer la protección de la bahía y, de ser posible, restringir la pesca industrial en la zona antes de que sea demasiado tarde.
¿Cómo proteger Bahía Magdalena?
“Lo que más preocupa es que la riqueza de la biodiversidad está en el mar, está en las aguas y es algo que no está protegido. Donde está el problema o la amenaza a la biodiversidad, es ahí donde se requiere la protección”, señaló Bravo.
Ante esta situación, lo que propone es que haya una inspección de las actividades pesqueras en la zona y que se realicen mesas de trabajo entre las diferentes autoridades como Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Administración Portuaria Integral, Conapesca y Conanp, con pescadores y prestadores de servicios turísticos, para trabajar una propuesta que proteja la bahía, incorpore a la pesca ribereña y establezca restricciones a la pesca industrial.
“Creo que lo mejor sería hacer un acuerdo comunitario para solicitar la creación de un Área Natural Protegida bajo el esquema de reserva marina que proteja la laguna y una franja de 20 millas de las islas hacia fuera. Eso haría que el área se recuperara y que si hay actividades de pesca industrial fueran más reguladas, más limitadas y hubiera menos barcos en una franja tan importante”, señaló Bravo.
En caso de que no sea posible crear una reserva marina, Bravo propone que por lo menos la Conapesca no otorgue más permisos de pesca industrial en la zona o la restrinja durante la temporada de ballenas (de enero a abril).
“Conapesca debería restringir los permisos de pesca en época de ballenas y definitivamente que dejen de dar permisos por tantos años si no tienen un estudio justificativo que permita saber si las poblaciones de sardinas, camarones o atunes son estables y si garantizan ser sostenibles. Propondría una mesa de trabajo para la restricción de los permisos en temporada de ballenas, ese podría ser un primer paso”, señaló Bravo.
Por su parte, Porras de Conanp enfatizó que la propuesta debe venir de un consenso comunitario, y de su lado están en la disposición de apoyar, ya que su principal labor es construir instrumentos que ayuden a conservar el patrimonio natural, y las áreas naturales protegidas.
“Es importante defender la biodiversidad porque aquí nos da para comer a todos, desde el pescador ribereño hasta el prestador de servicios turísticos hasta la persona que trabaja en una planta de procesamiento de pescado. Este mar nos sostiene y es la base del alimento de cada día de muchas familias. Es importante no ser tan depredadores”, concluyó Rodríguez.
*Este artículo se publicó originalmente en Causa Natura Media.