Marina del Pilar: del rápido ascenso al poder a una crisis que la cerca
“Yo puedo decir lo que he escuchado en las mesas de seguridad, que tampoco es que yo escuche en otras partes”, se escucha decir a la Gobernadora de Baja California, Marina del Pilar Ávila en una grabación difundida por el periodista Héctor de Mauleón.
En el audio, publicado el 13 de julio de 2026 en su columna de El Universal, la Gobernadora de Baja California pregunta si pretenden levantarle cargos o extraditarla, qué información quieren obtener y de qué podría hablarles.
Cuando le plantean una nueva reunión, pide que se realice en México porque no quiere cruzar a Estados Unidos y propone encontrarse en un hotel.
Marina del Pilar reconoció que la voz era suya, pero aseguró que sus interlocutores se presentaron como agentes o intermediarios de autoridades estadounidenses sin acreditar formalmente su representación.
Dos días después sostuvo que confió de buena fe en ellos y resumió el episodio con una frase: “Fue una trampa”.
La morenista acusó a su antecesor, Jaime Bonilla, de haberla acercado con esos supuestos contactos para después utilizar las grabaciones en su contra.
El ex Gobernador lo negó y aseguró que Marina recurrió nuevamente a su principal adversario para evitar responder por el contenido de las conversaciones.
Los audios profundizaron la crisis iniciada en mayo de 2025, cuando el gobierno de Estados Unidos revocó la visa de la Gobernadora y la de su entonces esposo, Carlos Torres, sin informar públicamente los motivos.
Marina sostuvo que la medida consular no implicaba la existencia de un delito o una investigación en su contra.
La filtración la encontró en el momento más delicado de una carrera construida a una velocidad poco común.
En apenas tres años pasó de la Cámara de Diputados a la Alcaldía de Mexicali y después a convertirse en la primera mujer en gobernar Baja California.
La rapidez que explica su llegada al poder también permite entender la crisis que ahora amenaza con marcar su legado.
De una derrota a la Gubernatura
Nacida en Mexicali en 1985, Marina del Pilar estudió Derecho en CETYS Universidad y cursó maestrías en Derecho Público en el Tecnológico de Monterrey y en Administración Pública en la Universidad Autónoma de Baja California. Antes de ocupar cargos de elección trabajó en el ámbito jurídico, académico y como docente.
Su primera campaña no anticipaba el ascenso que vendría después. En 2016 compitió por una Diputación local en Mexicali y obtuvo 8.91 por ciento de los votos.
Tras la derrota fue designada secretaria técnica de la pequeña bancada de Morena en el Congreso estatal, integrada por Víctor Morán y Catalino Zavala.
Zavala se convirtió en uno de sus primeros apoyos políticos. Marina trabajó directamente con él cuando era Diputado local; años después, él coordinó su campaña y su equipo de transición, y fue nombrado Secretario General de Gobierno, el segundo cargo de mayor importancia en su administración.
En una columna publicada en agosto de 2021, la periodista Dora Elena Cortés, directora de la Agencia Fronteriza de Noticias (AFN), documentó que Zavala llegaría al Gabinete pese a formar parte del Gobierno de Jaime Bonilla y a que Marina había asegurado que no repetirían funcionarios de la administración anterior.
La derrota de 2016 quedó pronto atrás. En 2018 ganó una Diputación federal, en 2019 dejó San Lázaro para competir por la Alcaldía de Mexicali y en 2021 obtuvo la candidatura a Gobernadora. En cinco años pasó de perder su primera elección a controlar el Poder Ejecutivo estatal.
Su ascenso coincidió con el crecimiento de Morena y la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, pero no puede explicarse únicamente por Jaime Bonilla, quien entonces encabezaba el movimiento en Baja California.
El respaldo nacional vino de Mario Delgado. Marina construyó una relación con él durante su paso por la Cámara de Diputados, cuando Delgado coordinaba a los legisladores de Morena.
En enero de 2021, el entonces dirigente nacional la acompañó a registrar su aspiración a la Gubernatura.
El semanario ZETA describió aquella presencia como un “espaldarazo”. AFN sostuvo después que Marina había obtenido la candidatura gracias al respaldo de Delgado y a la amistad que ambos construyeron en San Lázaro.
Marina creció dentro de la estructura política que Bonilla había consolidado, pero llegó a la candidatura con el apoyo de la dirigencia nacional y con operadores propios.
Esa combinación le permitió ganar la gubernatura y comenzar a formar un grupo que pronto chocaría con el de su antecesor.
De la sucesión a la guerra con Bonilla
La llegada de Marina del Pilar al Gobierno no significó una ruptura inmediata con el bonillismo. Algunos personajes de la administración anterior conservaron espacios en el nuevo Gabinete, pero la disputa entre ambos grupos comenzó desde la sucesión de 2021 y pronto se convirtió en una guerra abierta.
El principal punto de quiebre fue el contrato firmado durante el Gobierno de Bonilla con la empresa Next Energy para construir una planta fotovoltaica que nunca se realizó.
Marina canceló el proyecto, calificó el acuerdo como “leonino” y su administración presentó denuncias por las presuntas irregularidades.
En marzo de 2026, Bonilla y varios de sus ex colaboradores fueron vinculados a proceso por su presunta participación en el contrato.
La Fiscalía estatal sostiene que Next Energy recibió un primer pago de 123 millones de pesos por una obra que carecía de los permisos necesarios.
El ex Gobernador ha negado los delitos y asegura que el proceso forma parte de una persecución política de su sucesora.
Para entonces, Bonilla ya había dejado Morena y convertido al Partido del Trabajo (PT) en la base de su enfrentamiento con la Gobernadora.
Desde ahí cuestionó a su administración, respaldó a adversarios internos del grupo gobernante y advirtió que podría romper la alianza oficialista rumbo a la sucesión de 2027.
La difusión de los audios llevó aquella disputa a otro nivel.
Marina acusó a Bonilla de tenderle una trampa; él respondió que no aparecía ni era mencionado en las grabaciones y que la Gobernadora lo utilizaba como su “villano favorito”.
Bonilla dejó de ser únicamente el antecesor con el que rompió. Se convirtió en el adversario alrededor del cual Marina ha explicado buena parte de las crisis que han acompañado la segunda mitad de su Gobierno.
Carlos Torres, dentro del proyecto político
La imagen pública de Marina estuvo acompañada durante buena parte de su administración por Carlos Torres, su entonces esposo.
Ex Diputado federal y local del PAN, Torres fue expulsado de ese partido después de apoyar la reforma que pretendía ampliar de dos a cinco años el mandato de Bonilla.
Durante el Gobierno de Marina ocupó cargos honorarios relacionados con la recuperación de espacios públicos en la administración estatal y en el Ayuntamiento de Tijuana. En febrero de 2025 formalizó su afiliación a Morena.
Su presencia generó cuestionamientos sobre la influencia que ejercía en el Gobierno y en el partido.
En marzo de 2024, Isaías Bertín Sandoval, ex secretario técnico regional de las Mesas de Paz y Seguridad del Gobierno federal en Baja California, acusó a Marina y a Torres de participar en la definición de candidaturas de Morena.
Un mes después, Catalino Zavala, entonces dirigente estatal, negó en una entrevista con el reportero Eduardo Andrade Uribe, de ZETA, que Torres hubiera intervenido en el proceso.
Tras la revocación de las visas, Marina respaldó públicamente a su esposo.
“Mi respaldo hacia él no es solo personal, es moral y es político”, escribió el 10 de mayo de 2025.
Días después aseguró que Torres seguiría en su cargo, pero el 3 de junio él renunció a las coordinaciones honoríficas estatal y municipal.
La crisis creció en enero de 2026, cuando Marina confirmó que la Fiscalía General de la República investigaba una denuncia contra su ex esposo por presuntos delitos relacionados con tráfico de armas, narcotráfico y lavado de dinero.
En una nota firmada por Ana Karen Ortiz y publicada por ZETA, la Gobernadora evitó responder si todavía confiaba en Torres y se limitó a expresar su confianza en la Fiscalía.
Torres sostuvo que el expediente surgió de una denuncia anónima, calificó los señalamientos como calumnias sin sustento y se dijo dispuesto a colaborar con las autoridades. La existencia de una carpeta de investigación no demuestra su responsabilidad.
Carlos Torres no fue solamente una figura de la vida privada de Marina. Formó parte visible de su proyecto político y su salida profundizó la crisis que rodeaba a la Gobernadora desde la pérdida de sus visas.
Entre los resultados y la violencia
Marina construyó una imagen distinta al estilo confrontativo de Bonilla. En redes sociales combinó actividades oficiales, programas sociales y momentos familiares bajo el lema “Con el corazón por delante”.
Su Gobierno puede presumir que Baja California registró en 2024 el menor porcentaje de pobreza del País, con 9.9 por ciento, aunque el dato también responde al mercado laboral fronterizo, al aumento del salario mínimo y a políticas federales.
La violencia, sin embargo, siguió como uno de sus principales pendientes.
Según el informe presentado el 14 de julio de 2026 por Marcela Figueroa, titular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Baja California redujo 19.8 por ciento el promedio diario de homicidios dolosos durante el primer semestre, en comparación con el mismo periodo de 2025.
Pese a la baja, concentró 8.1 por ciento de los asesinatos registrados en el País y se mantuvo como la segunda entidad con más casos, sólo detrás de Guanajuato.
Ese contraste marcó su gobierno: mejores indicadores sociales y económicos, pero una frontera golpeada por la violencia y una relación con Estados Unidos convertida en su principal crisis.
El legado en disputa
Marina llegó al Gobierno como una figura joven y renovadora de Morena. Ganó tres cargos consecutivos, construyó un grupo propio y desplazó a otros liderazgos dentro del partido.
Pero la segunda mitad de su mandato quedó marcada por las relaciones que acompañaron su ascenso.
Bonilla se convirtió en su principal adversario. Carlos Torres dejó la vida pública entre señalamientos y una investigación. Y la relación con Estados Unidos quedó atravesada por la revocación de su visa y los audios con supuestos intermediarios.
A poco más de un año de dejar el cargo, busca evitar que la visa, los audios y la guerra con Bonilla terminen por definir todo su Gobierno.
Marina del Pilar necesitó cinco años para llegar a la Gubernatura. Ahora intenta que unos cuantos meses no decidan cómo será recordada.