Prohíben venta de animales vivos en el Mercado de Sonora a partir de 2026
A partir del 1 de enero de 2026, en el Mercado de Sonora de la Ciudad de México ya no podrá comercializarse ningún animal vivo, como resultado de un fallo judicial que ordenó a las autoridades capitalinas aplicar la prohibición contenida en la Ley de Protección y Bienestar Animal.
La resolución, emitida por el Vigésimo Tribunal Colegiado en Materia Administrativa del Primer Circuito el pasado 14 de agosto, obliga al cierre definitivo de la venta en este mercado, uno de los principales puntos de comercio de animales vivos en la capital.
En entrevista con Animal Político este miércoles, Susana Ramírez, directora de la organización animalista Va por sus Derechos, detalló que el proceso se deriva de un mandato judicial que ordena aplicar la legislación en la materia que está vigente desde 2023.
“Hay un fallo de un tribunal superior y ese fallo obliga a las autoridades a cerrar la venta dentro del mercado, dentro de la Ciudad de México”, explicó.
Cabe apuntar que en octubre de 2023, el Congreso de la Ciudad de México aprobó reformas a la Ley de Protección y Bienestar a los Animales que reforzaron la prohibición de vender animales vivos en la vía pública, mercados, tianguis y bazares.
De acuerdo con Ramírez, esta disposición en la Ley de Protección y Bienestar Animal de la Ciudad de México llevaba años sin aplicarse, por lo que la sentencia judicial únicamente ordenó a las autoridades hacer cumplir la norma.
Sobre la orden judicial, explicó que tras una primera sentencia sobreseída, el caso llegó a revisión y el tribunal observó “la progresividad de las leyes, la ampliación de protección de derecho a las personas no humanas” y determinó las medidas necesarias para cerrar la venta de animales vivos en el mercado.
La activista expuso que después de la orden del tribunal, se notificó a las autoridades, las cuales solicitaron un plazo para implementar la sentencia, pues no podía ejecutarse de manera inmediata.
Fue entonces que las autoridades otorgaron a los locatarios un plazo que venció el 29 de diciembre, fecha en la que debían retirar a los animales de sus locales. “A partir del 29 de diciembre los cerraron ya”, dijo Ramírez.
El 30 de diciembre, la organización acudió al mercado y constató que “ya no existen jaulas con animales vivos más que uno o dos locales”, donde encontraron “dos o tres perritos y un gatito”.
Aun así, algunos vendedores intentaron continuar la actividad de manera encubierta. Ramírez relató que los locatarios “tratan de burlar a la ley (...) no pueden hacerlo ya (la venta de animales no humanos vivos) de forma como antes, públicamente, sino que te lo entregan así como ‘que te veo en tal lado y te doy ahí al animalito’”.
La activista reiteró que la venta de animales vivos en el mercado ya constituye un delito en la Ciudad de México, por lo que quienes continúen realizando esta actividad pueden ser denunciados penalmente.
Ramírez acusó la actitud permisiva de las autoridades hacia los locatarios al brindarles facilidades para cambiar de giro comercial. “La autoridad ha sido muy permeable (...) estás apoyando al delincuente”, criticó.
Aun así, reconoció que la transformación del mercado no implica violar el derecho al trabajo: “Siguen teniendo su derecho al trabajo (...) pueden vender lo que quieran vender menos animales no humanos”.
Un mercado emblemático marcado por la venta de animales vivos
El Mercado de Sonora, ubicado en la Alcaldía Venustiano Carranza, se había consolidado históricamente como un espacio donde se concentraba la venta de animales vivos de todo tipo: mamíferos, aves, reptiles, anfibios, peces e insectos.
En sus pasillos se encontraban animales de compañía, de consumo, exóticos, ornamentales e incluso ejemplares utilizados para alimentar a otros animales. También era común que los comerciantes ofrecieran especies que no estaban exhibidas, previo acuerdo con el comprador.
Además de este comercio, el mercado es conocido por su oferta de herbolaria y artículos esotéricos, asociados con supuestos remedios que incluyen productos de origen animal como cuernos, patas, pieles, sangre o plumas. Estas prácticas, vinculadas popularmente a tradiciones sincréticas entre la santería afrocubana y prácticas indígenas, incluyen preparados a base de ajolotes, tlacuaches, zorrillos y serpientes.
Aunque algunos sectores defienden estas actividades como parte de la “memoria cultural”, el análisis histórico indica que las prácticas actuales se han distanciado de sus significados originales y han derivado en dinámicas violentas hacia los animales, agravadas por el crecimiento urbano y la pérdida de hábitats. En el mercado, la violencia especista era evidente: animales hacinados, enfermos, heridos o desnutridos, exhibidos como mercancías sin acceso a atención veterinaria.
El trato que recibían dependía de su valor económico: un cachorro de alto precio tenía mejores condiciones que una gallina vendida por 50 pesos y confinada con varias más en una jaula.