"Usuarios de redes sociales crean el hashtag #InfelizCumpleñosEPN para festejar al Presidente por sus 50 años"
Ciudad de México, (SinEmbargo).– El Presidente de México Enrique Peña Nieto cumplió el día de ayer 50 años de vida en medio de un gran descontento ciudadano generado por los escándalos de corrupción en los que se ha visto envuelto él y su familia y por los diversos problemas sociales en el país como la violencia, inseguridad, censura y ejecuciones extrajudiciales que han caracterizado a su gobierno desde que llegó al poder en 2012.
Este descontento se ha reflejado en las redes sociales en donde los usuarios crearon el hashtag #InfelizCumpleñosEPN, para compartir diversas imagines y memes en donde se burlan del mandatario y para enviarle toda clase de mensajes que van desde felicitaciones y buenos deseos hasta reclamos e insultos.
Tras inaugurar el foro Internacional de Equidad para las Víctimas en el debido Proceso, Isabel Miranda de Wallace presidenta de la Asociación civil “Alto al Secuestro” le regaló un pastel al mandatario mexicano y le cantó las tradicionales “Mañanitas”.
El Presidente agradeció el gesto y dijo ante todos los asistentes al foto cuáles eran sus deseos por sus 50 años de vida.
“Que a México le vaya muy bien, que sigamos entre todos modelando el país en el que creemos, el que queremos tener, en el que de alguna forma queremos contribuir con nuestro actuar, con lo que cada uno hace en sus espacios laborales y de esfuerzo cotidiano que realmente todo sirva para que nuestro país siga creciendo, siga generando oportunidades para más mexicanos sigamos teniendo un país donde prive real y eficazmente la justicia, donde haya espacios de realización personal para los mexicanos, tengamos un país más seguro y sobre todo de plena realización para todos”.
Enrique Peña Nieto llegó al poder en 2012 como la carta joven y renovadora de un partido octogenario que recibía de los mexicanos el perdón histórico y una nueva oportunidad. No todo salió como quería.
En la sede del Partido Revolucionario Institucional (PRI) llovían papelitos de colores y los militantes gritaban “Soy el PRI que viene, soy el PRI que viene” cuando Peña Nieto salió a anunciar su victoria, aquella noche del 2 de julio, todavía con 45 años.
“Somos una nueva generación”, dijo entonces. “No hay regreso al pasado. Mi Gobierno tendrá puesta su visión hacia el futuro”, señalaba.
Así fue al principio. Peña Nieto, sin mayoría propia en el Congreso, mostró una gran capacidad de hacer política y de concretar las reformas estructurales que traía entre manos. Parecía que nada lo frenaba para cambiar al país.
Después de haber ganado con el 38 por ciento de los votos su única oportunidad de gobernar -porque en México no existe la reelección- convenció a las fuerzas opositoras de la importancia de aprobar las reformas: la energética, la laboral, la del mercado de telecomunicaciones, la educativa.
“Saving Mexico” (Salvando a México), tituló la revista “Time” en una portada que le dedicó en febrero de 2014. PeñaNieto, con todo ese ímpetu, era retratado como el salvador de México.
El PRI, que había regido de manera hegemónica entre 1929 y 2000 y arrastraba el estigma de autoritario y corrupto, lograba bajo su liderazgo negociar y pactar con la oposición reformas de gran alcance, en un escenario democrático.
Sin embargo, los frutos se demoraron, el presidente quedó atrapado en las formas acartonadas y ceremoniosas de la antigua política, cometió errores y el enojo popular se sintió en las urnas. En las elecciones regionales del 5 de junio el PRI ganó sólo cinco de los 12 cargos de gobernador en disputa.
“Peña Nieto llegó presentándose como un presidente modernizador”, dijo a dpa Rodrigo Salazar, coordinador de la maestría en Gobierno y Asuntos Públicos de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de México.
No obstante, una mezcla de mala suerte, errores, problemas de credibilidad y una “altísima falta de disciplina” del Gobierno para darle seguimiento a las reformas y conseguir apoyo de la sociedad dejaron su proyecto a mitad de camino, señala Salazar.
La coyuntura internacional le pegó a la economía mexicana con un lento crecimiento. La caída de los precios internacionales del petróleo quitó brillo a la reforma energética que abrió el sector al capital privado.
Señalamientos de corrupción y de conflicto de intereses por la compra de una mansión de la primera dama a un contratista del Estado dañaron la credibilidad del presidente. La desaparición de 43 estudiantes, las protestas de un sector radical de maestros contra la reforma educativa y la persistente inseguridad complicaron más las cosas.
Peña Nieto necesita ahora volver a acelerar el paso. Después de la derrota de junio, rápidamente se movieron las piezas para colocar de manera sorpresiva a Enrique Ochoa, un hombre de su entorno, como nuevo presidente del PRI hacia 2018, a pesar del disgusto de algunos veteranos del partido.
“Es la hora de demostrar que el Partido está de pie, que el PRI es un partido de jóvenes y que por ello sabe transformarse y seguir construyendo nuevos puentes con la sociedad”, dijo Ochoa, de 43 años.
El escritor Héctor Aguilar Camín señaló en su columna del diario Milenio que Ochoa “se plantea en su discurso tareas de liderato, renovación y continuidad que le urgen al Gobierno de Peña Nieto”.