Más de 50 mil personas viven la noche del Viernes Santo en San Miguel Zapotitlán
SAN MIGUEL ZAPOTITLÁN, Ahome._ Con el inconfundible sonido de los tambores, el crujir de los tenabaris y el profundo misticismo que envuelve a la cultura Mayo-Yoreme, la noche del Viernes Santo en San Miguel Zapotitlán registró una afluencia masiva, superando la cifra de 50 mil asistentes.
Locales, visitantes nacionales y turistas abarrotaron las calles y la plazuela de la sindicatura para presenciar una de las tradiciones indígenas y religiosas más antiguas de Sinaloa.
El fervor de los “judíos” y la Pasión de Cristo se vivió desde las primeras horas de la tarde del viernes, en donde el centro ceremonial comenzó a latir con fuerza.
La figura de los tradicionales “judíos” (fariseos), hombres y jóvenes que cumplen sus mandas portando coloridas máscaras, mantos, lanzas y sonajas, tomaron el control del pueblo en la representación simbólica de la persecución de Cristo.
Al caer la noche, el ambiente se transformó de la algarabía al recogimiento espiritual. Los miles de congregados fueron testigos de los momentos culminantes del Viernes Santo como la procesión solemne.
El silencio de la multitud contrastó con los rezos tradicionales durante el recorrido sagrado, iluminado por veladoras que marcaban el camino del duelo por la muerte de Jesús.
Así como también las danzas ancestrales realizadas en las enramadas, los danzantes del Venado y de Pascola mantuvieron viva la raíz prehispánica de la festividad, danzando al ritmo de los violines, las arpas y los cantos en lengua mayo.
El sincretismo cultural es el choque entre la fe católica y la cosmogonía indígena la cuál se hizo presente en cada rincón, donde el olor a incienso se mezclaba con el de la gastronomía regional que se ofrecía a los miles de visitantes.
Para salvaguardar la integridad de las más de 50 mil personas reunidas en San Miguel, las autoridades de Protección Civil, Cruz Roja y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana de Ahome desplegaron un fuerte operativo.
Los accesos vehiculares a la sindicatura lucieron saturados, pero controlados, mientras que paramédicos y elementos de seguridad realizaban rondines a pie por las zonas de mayor concentración, reportando incidentes menores propios de un evento de esta magnitud, como personas extraviadas momentáneamente o deshidrataciones.
La celebración de este Viernes Santo demostró que San Miguel Zapotitlán es el corazón vivo de una herencia cultural que se niega a desaparecer y que, por el contrario, convoca cada primavera a miles de almas a vibrar al ritmo de la tierra.