Hoy no estamos de plácemes ni de festejos o celebraciones como en ocasiones anteriores, hoy estamos dolidos, apesadumbrados, indignados, tristes y enojados: una vez más fuimos atacados como medio de comunicación.
Como seguramente ya sabrá, la semana la iniciamos el domingo terrible que se presentaron bloqueos e incendios de vehículos en casi la mitad del País, todo por la caída mortal del líder de uno de los cárteles del narcotráfico que asolan a México.
Y aunque el hecho fue en Jalisco, la cascada de eventos alcanzó a Sinaloa y a unas 20 entidades más del País.
Desde temprana hora ese día, en cuanto nos enteremos de lo sucedido en Jalisco y las posteriores reacciones, intuimos que podía haber afectaciones en Sinaloa, pero pensamos que iba a ser en cuanto a vuelos o corridas de autobús que serían canceladas, o si acaso bloqueos en el sur de Sinaloa en su frontera con Nayarit, pues ya habían iniciado bloqueos en esa entidad vecina.
Ante este contexto, dos de nuestros periodistas de Mazatlán se dirigieron al aeropuerto para dar cobertura a la situación que ahí hubiera, sin embargo, antes de llegar recibieron el reporte que había algo de movimiento en la zona de Villa Unión, por lo que se dirigieron hacia allá, detectando desde lejos una columna de humo más hacia el sur de Villa Unión, que luego supimos era a la altura de El Aguaje de Costilla.
Pero ya no hubo tiempo de llegar hasta ese punto, pues al llegar al puente de Villa Unión, ya habían empezado a colocar un tráiler y otros autos sobre la carretera, pero aún así alcanzaron a pasar hacia el poblado, donde se estacionaron afuera de una tienda de conveniencia ubicada a un costado de la vía federal, justo donde inicia el pueblo.
Ahí se dispusieron a tomar fotos y videos, pues aunque no había corporaciones a la vista, tampoco se observaban personas armadas.
Nuestro periodista gráfico se adelantó para desde el camellón empezar a grabar video, mientras el reportero iba caminando más atrás para tomar anotaciones.
Fue en ese momento que de las entrecalles del pueblo salieron alrededor de una treintena de jóvenes vestidos de negro y con armas, la mayoría en motos pero también en camionetas y corriendo.
Disparando al aire se dirigieron hacia el puente para bloquear con más vehículos y empezar a incendiarlos.
Esto hizo que nuestros periodistas quedaran muy expuestos, sobre todo el periodista gráfico.
Con él se detuvieron dos de los jóvenes para reclamarle que estuviera tomando imágenes, y lo empezaron a golpear en la cabeza con la mano abierta para exigirle que les entregara los teléfonos celulares, mientras le apuntaban con un arma, la cual llegaron a ponerle en la sien.
Luego de exigirle la cartera y cuando ya se disponían a retirarse, le quitaron la cámara fotográfica para estrellarla contra el asfalto de la carretera.
Mientras esto sucedía, el reportero, a pocos metros, había logrado resguardarse en una barda, pero por donde también pasaban los jóvenes realizando disparos al aire.
En cuanto pudo logró resguardarse adentro de la tienda de conveniencia, donde estaban los empleados y más personas refugiándose. El temor era que la tienda también pudiera ser objeto de ataque, pues varios jóvenes armados se asomaron por los cristales, revisaron los vehículos estacionados, incluyendo la camioneta de Noroeste, pero luego se retiraron.
Mientras tanto, en cuestión de minutos, los armados bloquearon incendiando los vehículos en el puente, para huir de inmediato hacia el interior del pueblo.
El reportero gráfico, tras la agresión, logró llegar a la tienda de conveniencia, donde también se refugió.
Ahí había señoras con niños y hasta una mujer mayor que se desmayó.
Desde ahí hicieron contacto con los editores en Mazatlán, mientras que también reportaban el hecho a personal de prensa de la Fiscalía del Estado, que era el número que tenían a la mano en ese momento, en el único celular que pudieron conservar de los tres que traían originalmente.
Casi simultáneo, desde Culiacán la Dirección General hizo contacto con autoridades estatales para denunciar el hecho.
En ambas llamadas se pidió el apoyo de corporaciones para acudir a Villa Unión a dar apoyo a los periodistas y a la gente que había quedado varada.
De inmediato también, armamos una nota para subir en ese momento al sitio y a las redes sociales, denunciando el hecho, pues es parte de lo que siempre hacemos cuando sufrimos una agresión, denunciamos públicamente.
Esto hizo que la Secretaría de Seguridad Pública municipal del puerto se contactara con el editor de Local Mazatlán para ofrecer apoyo, el cual se aceptó.
Alrededor de media hora después, arribaron al lugar unidades de corporaciones federales, estatales y municipales.
Como ya habían huido los jóvenes armados, los habitantes de la zona ya empezaban a recuperar la movilidad, aunque aún se mantenía el incendio en el puente.
Finalmente, ya con las corporaciones presentes, se continuó la cobertura del hecho, enviaron material gráfico, es decir, fotos y videos, y enviaron textos.
Y poco tiempo después, nuestros dos periodistas, y otro de un medio diferente que llegó poco después de la agresión, pudieron regresar a Mazatlán, con la custodia de una patrulla de la Policía Municipal.
Como solemos hacerlo, denunciamos la agresión a la organización Artículo 19, y se comunicaron con nosotros del Instituto para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas del Estado para la relatoría de los hechos.
A través de llamadas, mensajes y comentarios en redes sociales recibimos muestras de apoyo y solidaridad.
Por supuesto que no faltaron los comentarios malintencionados en las redes que nos cuestionaban que para qué andábamos allá, que eso nos pasaba por “metiches” y hasta los que desearon que nos mataran.
Comentarios que, como tales, hacemos caso omiso por considerar que o son de personas que ignoran por completo de lo que se trata el periodismo y su importancia, o bien son oportunistas que quieren descargarse contra nosotros.
Así que, agradecemos las muestras de apoyo y, como siempre, pasamos a resolver y a aprender.
Al día siguiente se le pudo reponer su teléfono celular al fotorreportero, aún falta reponer el celular adicional que es el que usamos para transmisiones en vivo, y estamos en proceso de reponer la cámara fotográfica. Cuestiones materiales que son relativamente fáciles, aunque caras.
Estamos dando el apoyo necesario en lo económico y de acompañamiento a nuestros periodistas, quienes, aunque descansaron los días posteriores, rápidamente se reintegraron a su trabajo.
Podría pensarse que nos ponemos en riesgo innecesario, que no respetamos o no tenemos protocolos o que somos imprudentes en las coberturas. Pero nada más lejos de la realidad. Tenemos y respetamos protocolos de seguridad, gracias a los cuales no nos han sucedido cosas mayores. Y sabemos muy bien donde estamos parados en nuestra profesión y en nuestro estado. Por eso seguimos adelante.
No sin dolor y con mucha indignación y coraje, pero esta es nuestra vocación y nuestra misión. Seguiremos adelante, por supuesto con las alertas encendidas más que nunca.
Hoy no estamos de plácemes ni de festejos o celebraciones como en ocasiones anteriores, hoy estamos dolidos, apesadumbrados, indignados, tristes y enojados: una vez más fuimos atacados como medio de comunicación.
Como seguramente ya sabrá, la semana la iniciamos el domingo terrible que se presentaron bloqueos e incendios de vehículos en casi la mitad del País, todo por la caída mortal del líder de uno de los cárteles del narcotráfico que asolan a México.
Y aunque el hecho fue en Jalisco, la cascada de eventos alcanzó a Sinaloa y a unas 20 entidades más del País.
Desde temprana hora ese día, en cuanto nos enteremos de lo sucedido en Jalisco y las posteriores reacciones, intuimos que podía haber afectaciones en Sinaloa, pero pensamos que iba a ser en cuanto a vuelos o corridas de autobús que serían canceladas, o si acaso bloqueos en el sur de Sinaloa en su frontera con Nayarit, pues ya habían iniciado bloqueos en esa entidad vecina.
Ante este contexto, dos de nuestros periodistas de Mazatlán se dirigieron al aeropuerto para dar cobertura a la situación que ahí hubiera, sin embargo, antes de llegar recibieron el reporte que había algo de movimiento en la zona de Villa Unión, por lo que se dirigieron hacia allá, detectando desde lejos una columna de humo más hacia el sur de Villa Unión, que luego supimos era a la altura de El Aguaje de Costilla.
Pero ya no hubo tiempo de llegar hasta ese punto, pues al llegar al puente de Villa Unión, ya habían empezado a colocar un tráiler y otros autos sobre la carretera, pero aún así alcanzaron a pasar hacia el poblado, donde se estacionaron afuera de una tienda de conveniencia ubicada a un costado de la vía federal, justo donde inicia el pueblo.
Ahí se dispusieron a tomar fotos y videos, pues aunque no había corporaciones a la vista, tampoco se observaban personas armadas.
Nuestro periodista gráfico se adelantó para desde el camellón empezar a grabar video, mientras el reportero iba caminando más atrás para tomar anotaciones.
Fue en ese momento que de las entrecalles del pueblo salieron alrededor de una treintena de jóvenes vestidos de negro y con armas, la mayoría en motos pero también en camionetas y corriendo.
Disparando al aire se dirigieron hacia el puente para bloquear con más vehículos y empezar a incendiarlos.
Esto hizo que nuestros periodistas quedaran muy expuestos, sobre todo el periodista gráfico.
Con él se detuvieron dos de los jóvenes para reclamarle que estuviera tomando imágenes, y lo empezaron a golpear en la cabeza con la mano abierta para exigirle que les entregara los teléfonos celulares, mientras le apuntaban con un arma, la cual llegaron a ponerle en la sien.
Luego de exigirle la cartera y cuando ya se disponían a retirarse, le quitaron la cámara fotográfica para estrellarla contra el asfalto de la carretera.
Mientras esto sucedía, el reportero, a pocos metros, había logrado resguardarse en una barda, pero por donde también pasaban los jóvenes realizando disparos al aire.
En cuanto pudo logró resguardarse adentro de la tienda de conveniencia, donde estaban los empleados y más personas refugiándose. El temor era que la tienda también pudiera ser objeto de ataque, pues varios jóvenes armados se asomaron por los cristales, revisaron los vehículos estacionados, incluyendo la camioneta de Noroeste, pero luego se retiraron.
Mientras tanto, en cuestión de minutos, los armados bloquearon incendiando los vehículos en el puente, para huir de inmediato hacia el interior del pueblo.
El reportero gráfico, tras la agresión, logró llegar a la tienda de conveniencia, donde también se refugió.
Ahí había señoras con niños y hasta una mujer mayor que se desmayó.
Desde ahí hicieron contacto con los editores en Mazatlán, mientras que también reportaban el hecho a personal de prensa de la Fiscalía del Estado, que era el número que tenían a la mano en ese momento, en el único celular que pudieron conservar de los tres que traían originalmente.
Casi simultáneo, desde Culiacán la Dirección General hizo contacto con autoridades estatales para denunciar el hecho.
En ambas llamadas se pidió el apoyo de corporaciones para acudir a Villa Unión a dar apoyo a los periodistas y a la gente que había quedado varada.
De inmediato también, armamos una nota para subir en ese momento al sitio y a las redes sociales, denunciando el hecho, pues es parte de lo que siempre hacemos cuando sufrimos una agresión, denunciamos públicamente.
Esto hizo que la Secretaría de Seguridad Pública municipal del puerto se contactara con el editor de Local Mazatlán para ofrecer apoyo, el cual se aceptó.
Alrededor de media hora después, arribaron al lugar unidades de corporaciones federales, estatales y municipales.
Como ya habían huido los jóvenes armados, los habitantes de la zona ya empezaban a recuperar la movilidad, aunque aún se mantenía el incendio en el puente.
Finalmente, ya con las corporaciones presentes, se continuó la cobertura del hecho, enviaron material gráfico, es decir, fotos y videos, y enviaron textos.
Y poco tiempo después, nuestros dos periodistas, y otro de un medio diferente que llegó poco después de la agresión, pudieron regresar a Mazatlán, con la custodia de una patrulla de la Policía Municipal.
Como solemos hacerlo, denunciamos la agresión a la organización Artículo 19, y se comunicaron con nosotros del Instituto para la Protección de Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas del Estado para la relatoría de los hechos.
A través de llamadas, mensajes y comentarios en redes sociales recibimos muestras de apoyo y solidaridad.
Por supuesto que no faltaron los comentarios malintencionados en las redes que nos cuestionaban que para qué andábamos allá, que eso nos pasaba por “metiches” y hasta los que desearon que nos mataran.
Comentarios que, como tales, hacemos caso omiso por considerar que o son de personas que ignoran por completo de lo que se trata el periodismo y su importancia, o bien son oportunistas que quieren descargarse contra nosotros.
Así que, agradecemos las muestras de apoyo y, como siempre, pasamos a resolver y a aprender.
Al día siguiente se le pudo reponer su teléfono celular al fotorreportero, aún falta reponer el celular adicional que es el que usamos para transmisiones en vivo, y estamos en proceso de reponer la cámara fotográfica. Cuestiones materiales que son relativamente fáciles, aunque caras.
Estamos dando el apoyo necesario en lo económico y de acompañamiento a nuestros periodistas, quienes, aunque descansaron los días posteriores, rápidamente se reintegraron a su trabajo.
Podría pensarse que nos ponemos en riesgo innecesario, que no respetamos o no tenemos protocolos o que somos imprudentes en las coberturas. Pero nada más lejos de la realidad. Tenemos y respetamos protocolos de seguridad, gracias a los cuales no nos han sucedido cosas mayores. Y sabemos muy bien donde estamos parados en nuestra profesión y en nuestro estado. Por eso seguimos adelante.
No sin dolor y con mucha indignación y coraje, pero esta es nuestra vocación y nuestra misión. Seguiremos adelante, por supuesto con las alertas encendidas más que nunca.