El Gobierno de Pedro Sánchez ha convocado al pueblo español a acudir a las urnas el próximo 29 de noviembre, un año antes de la fecha programada en el calendario oficial de la política española.
El sistema parlamentario de España permite al Ejecutivo adelantar el llamado a las urnas, pero la pregunta es: ¿por qué un Presidente llama a las urnas que podrían arrebatarle el poder si la coalición de partidos que lo apoya pierde la elección?
La respuesta es compleja, pero tiene su explicación o sus explicaciones.
Primero hay que entender que el gobierno del Partido Socialista Obrero Español atraviesa uno de sus momentos más difíciles, el desgaste acumulado de ochos años de gobierno ininterrumpido ha alimentado a una Oposición que lo acusa de aferrarse al poder de manera enfermiza.
La derecha y la ultraderecha han conseguido convencer a la mitad del país que Sánchez debe irse a tal grado que España se ha dividido en dos, los que apoyan al Presidente y los que literalmente lo odian.
La polarización ha llegado a tal grado que su esposa Begoña Gómez es acosada legalmente por un Juez que mantiene un juicio en su contra que en ningún otro país se sostendría.
El ex Presidente José Luis Rodríguez Zapatero, aliado de Sánchez, es perseguido por otro Juez, y diversos juicios enfrentan a numerosos exfuncionarios del PSOE.
En medio de toda esta presión, el margen de maniobra de Sánchez es prácticamente nulo y eso se refleja en un país que es incapaz de llegar a ningún acuerdo con la Oposición.
Si pierde las elecciones, Sánchez borraría de un plumazo la serie de juicios de origen político y evitaría que su partido llegue más desgastado a las elecciones un año después.
Y si gana regresaría al poder fortalecido y con mayores apoyos que le permitan enfrentar un nuevo periodo con la Oposición debilitada por la derrota, aunque la polarización continuaría reinando sobre el electorado.