Los “topos” mexicanos que escarban entre las ruinas en busca de sobrevivientes de los terremotos simultáneos que estremecieron a Venezuela aseguran que nunca habían visto una tragedia de esas proporciones.
Y vaya que nuestros embajadores en la desgracia han visto cosas malas, desde el terremoto de 1985 en la Ciudad de México, donde nacieron, hasta terremotos en 22 países.
¿Pero qué hace especialmente dramática la situación en Venezuela? Según la opinión de los “topos”, todo se conjuga para que la tragedia del país sudamericano sea un verdadero desastre.
Primero: Venezuela está asentada sobre el encuentro de dos placas tectónicas que pasan exactamente debajo de dos de sus grandes ciudades, Caracas y Valencia, lo que crea tres fallas encadenadas.
El 80 por ciento de los venezolanos viven en zonas sísmicas y se han registrado terremotos desde el año 1530; algunos de ellos legendarios como el de Santa Úrsula de 1766 o el de Caracas de 1812.
Sólo en este siglo se han reportado ya 19 grandes terremotos, pero ninguno tan devastador como el que acaba de devastar la zona de La Guaira.
Aquí una de las preguntas más repetidas: ¿por qué Venezuela no está preparada para los terremotos? La respuesta es compleja, pero en ella no puede dejar de señalarse la responsabilidad de un gobierno, que es, en sí mismo, otro terremoto.
La corrupción, la falta de previsión, la indiferencia ante el dolor ajeno y la avaricia de empresarios que sólo ven la ganancia rápida ha provocado miles de muertos.
El rescate se hace prácticamente a mano desnuda, nadie se ha preocupado por prepararse para las emergencias. Las condiciones del rescate son tan duras que los “topos” mexicanos apenas han rescatado con vida a dos personas, el resto son fallecidos.
La tragedia siempre se ceba con el más desfavorecido y en estos tiempos Venezuela es la víctima provocada.