El razonamiento parece impecable hasta que uno se pregunta por qué una cosa tendría que impedir la otra.
La inclusión que incomoda al PAN
El PAN encontró una curiosa manera de hablar de inclusión: oponerse a una ley que busca proteger específicamente a la comunidad LGBT porque, según sus argumentos, hay otros sectores que también necesitan atención.
El razonamiento parece impecable hasta que uno se pregunta por qué una cosa tendría que impedir la otra.
Nadie está diciendo que las niñas, los adultos mayores, las personas con discapacidad, las víctimas o cualquier otro grupo deba quedarse fuera. Pero ahora resulta que reconocer de manera particular los derechos de una población que enfrenta discriminación es demasiado para el PAN.
Roxana Rubio insiste en que no están “en contra de nadie”. La frase, por supuesto, siempre ayuda cuando uno está a punto de votar contra una medida destinada precisamente a proteger a ese “nadie”.
Y como la inconformidad no alcanzó con el discurso, ahora el PAN y Vía Familia preparan un amparo.
Qué manera tan peculiar de entender la defensa de la familia: preocuparse porque otras personas tengan derechos reconocidos de manera expresa.
El PAN dice que quiere que todos sean escuchados. Perfecto. Que empiece por escuchar a quienes durante años han tenido que exigir que se les trate con los mismos derechos.
Porque si la igualdad realmente fuera el problema, la solución sería ampliar derechos, no molestarse porque alguien más consiga una protección que antes no tenía.
Al PAN le incomoda una ley LGBT y encontró en el argumento de “también hay otros sectores” una manera bastante más presentable de decirlo. Al menos así suena más políticamente correcto. También habría que preguntarles ¿qué han hecho desde el partido por esos otros sectores que ahora les parecen prioritarios?
Nuevo caso de agresión a periodistas
Como si hiciera falta un nuevo obstáculo o dificultad, ayer se escribió otro penoso capítulo de confrontación entre periodistas y policías.
Lo curioso es que ayer los señalados de abusones y hasta agresores fueron agentes de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y militares del Ejército Mexicano.
Y decimos curioso porque casi siempre las agresiones contra periodistas ocurren por militares o elementos de las policias estatal o municipales.
El incidente ocurrió la mañana del lunes, cuando los medios recibieron el reporte del hallazgo de un cadáver envuelto en telas, en las inmediaciones de Perisur, del sector La Primavera.
Una periodista y un fotógrafo se hallaban cubriendo el hecho, recabando información y tomando fotografías y videos cuando los elementos federales comenzaron a comportarse de manera grosera, retadora y abusiva.
Según los agredidos, la periodista fue violentada verbalmente con reclamos y comentarios ofensivos, mientras que el fotógrafo recibió empujones y amenazas también.
Otros colegas y medios de inmediato se solidarizaron, documentaron y denunciaron el hecho públicamente.
Insistimos, que de por sí las condiciones de trabajo ya son difíciles por las características de los hechos a cubrir, los niveles de violencia que se mantienen y el daño infringido a la sociedad, como para abrir nuevos niveles de dificultades.
Desde aquí nos solidarizamos con nuestros colegas, y hacemos un llamado a las autoridades para exhortar a sus elementos a evitar que este tipo de situaciones sigan ocurriendo.
Y no queda más que solicitar al Instituto de Protección de Periodistas a que haga su chamba y que intervenga también la Comisión Estatal de Derechos Humanos.
La recuperación también necesita números
En Culiacán ya hay señales de recuperación económica. Al menos eso dice la Secretaria de Economía del Municipio. Hay nuevos centros nocturnos, restaurantes esperando el Buen Fin, congresos en puerta, eventos decembrinos y, sobre todo, una ciudadanía a la que se quiere volver a ver circulando por la ciudad. El problema es que, cuando se pregunta cuánto ha crecido la economía, cuánto se ha invertido o con cuánto se espera cerrar el año, la respuesta se vuelve bastante menos optimista: no hay cifras todavía.
Después de dos años de crisis de seguridad, decir que “se empieza a ver un comportamiento positivo” no alcanza. Culiacán no necesita solamente percepciones de recuperación; necesita indicadores que permitan saber si realmente está recuperándose. Porque una cosa es que abran algunos negocios y otra muy distinta que la economía haya recuperado lo perdido. Sobre todo cuando el empleo formal todavía está por debajo de los niveles que tenía antes de la crisis.
La propia funcionaria reconoce que la movilidad es uno de los termómetros de la economía. Tiene razón. El problema es que la movilidad no se recupera con campañas ni con discursos sobre la marca ciudad. Se recupera cuando la gente vuelve a salir sin pensarlo demasiado, cuando los restaurantes tienen clientes, los comercios venden, los trabajadores conservan sus empleos y los negocios dejan de operar con la calculadora en la mano para decidir si aguantan otro mes.
Y mientras el Municipio habla de congresos, gastronomía y turismo, ahí están los boleros del Centro diciendo que casi no tienen usuarios. No es precisamente una estadística sofisticada, pero sí una postal bastante clara de cómo se vive la economía en la calle. Si ellos forman parte del atractivo turístico de Culiacán, como dice la funcionaria, estaría bien que además de reconocerlo como parte de la identidad de la ciudad hubiera un plan concreto para que puedan seguir viviendo de su oficio.
Algo parecido ocurre con los tianguistas: se habla de créditos y de una próxima campaña para promocionar la “riqueza” de los tianguis. Bien. Pero si los comerciantes están pidiendo apoyo porque las ventas no están como antes, quizá primero habría que medir cuánto han caído sus ingresos y qué necesitan realmente. Promocionarlos puede ayudar, pero difícilmente sustituye una política económica para una ciudad que todavía está intentando recuperar su ritmo.
Culiacán, pues, parece estar entrando en una etapa en la que cualquier pequeño movimiento puede presentarse como señal de recuperación. Y quizá sí existan esas señales. Lo que falta es algo bastante menos inspirador, pero mucho más útil: números. Porque después de dos años de crisis, la economía de la ciudad no necesita que le digan que “va avanzando positivamente”; necesita que le enseñen cuánto avanzó, en qué sectores, respecto a qué año y cuánto falta para recuperar lo que se perdió. Ahí sí podríamos hablar de recuperación y no solamente de ganas de que ocurra.
¡FOUL!... Y desde la dirigencia nacional del Partido Verde Ecologista de México, Arturo Escobar anunció la inclusión de los ex priistas Fernando Pucheta y Tony Castañeda ¡como una gran adquisición!