Números que muestran la realidad
Mientras las autoridades insisten en destacar decomisos, detenciones y operativos, los números que más pesan para la ciudadanía siguen sin ceder: los homicidios.
El repunte de asesinatos durante mayo, documentado por el especialista Javier Llausás Magaña, rompe la narrativa de una mejora sostenida en materia de seguridad y vuelve a colocar sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿qué está pasando realmente en Culiacán?
Según el análisis, mayo registró un incremento del 18 por ciento en homicidios respecto a abril, convirtiéndose en uno de los meses más violentos desde que comenzó la actual crisis. Más allá de la cifra, preocupa el cambio en el perfil de las víctimas. Ya no se trata solamente de enfrentamientos entre grupos rivales; cada vez aparecen más jóvenes y personas desarmadas entre los asesinados, además de episodios que buscan enviar mensajes de terror a través de símbolos y prácticas propias del crimen organizado.
El cansancio social al que hace referencia Llausás no es una percepción aislada. La violencia ha dejado de medirse únicamente en vidas perdidas para reflejarse también en la economía cotidiana. Negocios cerrados, empleos desaparecidos y familias que han optado por abandonar la ciudad forman parte de una factura que sigue acumulándose.
Paradójicamente, mientras algunos indicadores delictivos muestran mejoría, como el robo de vehículos o los robos a negocios, el delito que más impacta la percepción de seguridad continúa al alza. Y es que ningún decomiso puede compensar la sensación de vulnerabilidad que generan los homicidios y las desapariciones.
El señalamiento sobre una posible falta de voluntad política puede resultar polémico, pero refleja un sentimiento cada vez más extendido entre la población: la impresión de que las capacidades institucionales existen, pero los resultados no llegan con la velocidad que la crisis exige.
A casi dos años del recrudecimiento de la violencia, la resiliencia de los sinaloenses parece acercarse a su límite. Los ciudadanos no esperan discursos triunfalistas ni balances optimistas; esperan algo mucho más simple y mucho más difícil: poder recuperar la normalidad.
Vacaciones adelantadas
En el Palacio de Gobierno y en el Ayuntamiento parece que colgaron el letrero de “Cerrado por vacaciones permanentes”, pues el sector hotelero de Culiacán ya no sabe a quién rezarle al sentirse totalmente desprotegidos tanto en el poder estatal como en el municipal.
Mientras los altos mandos se pierden en la retórica de que aquí no pasa nada, los empresarios tienen que lidiar con la realidad de un vacío de poder que sólo la delincuencia se ha encargado de llenar.
Dice el dicho que a río revuelto, ganancia de pescadores, y en Culiacán los pescadores de lo ajeno están haciendo su agosto con el cobro de piso y las exigencias de colaboración a los negocios.
El oportunismo criminal ha encontrado el escenario perfecto ante la nula vigilancia, ya que toparse con un policía municipal o un agente de tránsito en las calles es hoy un evento más raro que ver un eclipse total.
Aquí lo único que se ve pasar son los destacamentos militares, que van y vienen pero no hacen la chamba de prevención policiaca que la ciudad grita por recuperar.
La confianza en las instituciones está tan por los suelos que los hoteleros prefieren el silencio antes que acudir al Ministerio Público, pues sospechan que los delincuentes se enteran de la denuncia antes de que se termine de redactar el expediente.
Por eso, en lugar de carpetas de investigación, lo que se acumulan son maletas, con familias y empresarios huyendo hacia Hermosillo, Guadalajara o Los Mochis para escapar de una crisis que ya alcanzó hasta al puerto de Mazatlán.
Mientras la autoridad insiste en su discurso de normalidad, los que de verdad están en la calle ven una falta de mentiras que ya nadie se traga.
La normalidad previa a los enfrentamientos entre grupos delictivos se ve cada vez más lejana, y mientras el cuerpo legislativo no despierte para poner orden, Sinaloa seguirá navegando a la deriva y sin capitán al frente.
Control de situación a costa de mucho disparo
La tarde de ayer domingo se registró una situación de violencia familiar en la colonia Urías de Mazatlán, cuando un hombre con cuchillo en mano tomó de rehén a su hija de 2 años y se atrincheró en su casa. Tras una discusión, la madre de la niña logró rescatarla. El hombre huyó por los techos de las viviendas y fue perseguido por los policías municipales.
El hombre fue perseguido por varias cuadras por los policía quienes le dispararon en varias ocasiones hiriéndolo de gravedad. Herido, el hombre se metió a otra casa y se atrincheró hasta que fue detenido.
En su comunicado oficial, la Secretaría de Seguridad Pública Municipal destaca que atendieron y controlaron una situación de violencia familiar en contra de una menor registrada la tarde del domingo en la colonia Urías.
Resalta el boletín que los policías aplicaron los protocolos de actuación policial y de atención de emergencias, iniciando el diálogo con el hombre involucrado para controlar el incidente y evitar mayores riesgos.
Luego destaca que tras varios minutos de intervención, el hombre desistió de la conducta que había generado e intentó darse a la fuga, siendo detenido tras un seguimiento por calles del citado asentamiento.
Herido de bala fue llevado a recibir atención médica.
Pero se le olvidó a la SSPM informar quién le disparó al hombre y cuántas veces lo hirieron, pues trascendió que el sujeto recibió ocho impactos en brazo y pierna.
Había sido perseguido por decenas de elementos policiacos, así que se asume que fueron los elementos policiacos los que le dispararon y según vecinos escucharon alrededor de 10 balazos.
¿Dispararle en 8 ó 10 ocasiones a una persona para detenerla es implementar los protocolos de actuación policial y de atención de emergencias?
¿En serio se necesitaban tantos balazos para detener a un solo hombre con un cuchillo?
Cualquier corporación del mundo revisaría el actuar de los policías... aquí no pasará nada, al contrario, el comunicado oficial da justificación a toda la “movilización”.
¡FOUL!... El sector hotelero de Culiacán enfrenta un panorama crítico, pues a la crisis económica hay que sumar ahora un incremento en ¡extorsiones y cobro de cuotas!