Sin poder garantizar la justicia
La crisis de seguridad que hoy asfixia a Sinaloa no es una tormenta de verano ni un brote espontáneo de violencia; es la factura acumulada de décadas de omisiones y de haber desaprovechado oportunidades históricas para intervenir de fondo en el fenómeno delictivo.
Miguel Calderón Quevedo, coordinador general del Consejo Estatal de Seguridad Pública, señaló que mientras el discurso oficial se refugia en la inmediatez de los operativos, la realidad es que el Estado ha persistido en un análisis simplista que ignora la complejidad de un tejido social en descomposición y una criminalidad que ya no solo es local, sino transnacional.
Es alarmante que la seguridad pública de los sinaloenses se mantenga prendida de alfileres y la dependencia del cobijo federal sea la prueba más fehaciente de la debilidad de nuestras instituciones locales.
Con una carencia crítica de policías, peritos y agentes del Ministerio Público, la Fiscalía General del Estado y el Poder Judicial, del cual se habla poco pero cuya responsabilidad es altísima, han fallado en su tarea primordial: garantizar justicia.
Sin una inversión real, estimada entre 8 mil y 10 mil millones de pesos para profesionalizar y robustecer el sistema local, cualquier promesa de paz no es más que retórica.
No puede haber una sociedad tranquila donde las carpetas de investigación se multiplican semanalmente sin que exista la capacidad institucional para resolverlas.
El rostro más doloroso de este fracaso son los más de 50 jóvenes recluidos en el Centro de Entrenamiento para Adolescentes, y estos menores, sentenciados por homicidio, son el producto directo de una crisis de seguridad que los arrastró a una guerra que ni siquiera alcanzaron a comprender.
La pregunta que el Estado y la sociedad evaden es: ¿qué pasará cuando estos jóvenes recuperen su libertad antes de los 30 años cargando con un estigma y sin un acompañamiento real para reparar sus vidas?
El mito de que sólo delinque quien no estudia ni trabaja se ha derrumbado; hoy, el delito compite y gana frente a entornos familiares, vecinales y escolares que han dejado de ser referentes positivos.
Sinaloa enfrenta también una batalla cultural que parece estarse perdiendo y hemos transitado de la condena al aplauso hacia el delincuente.
Esta normalización de modelos de éxito negativos, alimentada por contenidos populares en plataformas de streaming que glorifican la violencia, refleja un relajamiento extremo en la aplicación de las normas y una falta de compromiso ciudadano.
La reconstrucción del estado no vendrá sólo del uso de la fuerza o de la llegada de más tropas y requiere una ruta de trabajo que fortalezca a las instituciones locales y, simultáneamente, una responsabilidad compartida donde padres, maestros y vecinos asuman su rol en la formación de buenos ciudadanos.
Hasta ahora, los diagnósticos y propuestas institucionales parecen gritos en el desierto ante un gobierno que frecuentemente cierra la puerta a análisis que no se limiten al uso de las armas, sin embargo, la insistencia en generar una conversación pública seria es el único camino para dejar de administrar la violencia y empezar, finalmente, a construir la justicia.
Usar prestado el aplauso
La Diputada federal con licencia Graciela Domínguez Nava ha intensificado su actividad pública con miras al proceso interno de Morena rumbo a la candidatura al Gobierno de Sinaloa. Nada extraordinario hasta ahí; quienes aspiran suelen recorrer el estado, reunirse con sectores y buscar posicionarse. Lo llamativo es quiénes parecen estar haciendo el trabajo de promoción.
En redes sociales comienza a repetirse un patrón: cuentas de empleados y ex empleados del Gobierno de Sinaloa, particularmente personajes identificados con el grupo político de Feliciano Castro (ex Secretario General de Gobierno y ex Secretario de Economía), se encargan de amplificar cada publicación, fotografía y declaración de la Legisladora. Los comentarios de apoyo, las felicitaciones y las réplicas aparecen casi en sincronía, como si respondieran a una misma coordinación.
El fenómeno deja una pregunta inevitable: ¿la estructura que impulsa a Graciela Domínguez es realmente suya o pertenece a otro proyecto político?
Porque una cosa es que existan simpatías personales y otra muy distinta que una red construida desde el ejercicio del poder termine funcionando como maquinaria de promoción para una aspirante. Si quienes antes ocupaban responsabilidades públicas hoy actúan como operadores digitales, el debate ya no es solamente sobre estrategias de comunicación, sino sobre el origen y la naturaleza de esas estructuras.
La paradoja es evidente. Quien busca convencer de que cuenta con respaldo propio termina dependiendo del músculo político de un grupo ajeno. En una contienda donde Morena presume que las candidaturas se definirán por el arraigo y el liderazgo, recurrir a operadores prestados puede convertirse más en una confesión de debilidad que en una muestra de fortaleza.
En su mismo mundo de ‘burbuja’
La recién Alcaldesa provisional de Mazatlán, Minerva Osuna Zavala, salió igual que Estrella Palacios, viven en su mismo mundo de “burbuja”.
A ninguna de las dos les gusta que los reporteros les cuestionen sobre el tema de seguridad, de los hechos violentos que a diario pasan en el puerto y que se han recrudecido.
Pues resulta que a Minerva Osuna le incomoda responder sobre la seguridad para los mazatlecos, o más bien no sabe responder, por eso se atrevió a decir que algunos medios de comunicación exageran la forma en que se presenta la información relacionada con la seguridad en el municipio.
Según la Alcaldesa interina de Mazatlán, ex Síndica Procuradora, pese a los hechos violentos en el puerto no existe una disminución en la visita de turistas al destino.
Dice que desde hace aproximadamente dos semanas continúa llegando turismo a Mazatlán, por lo que asegura que no existe una percepción negativa de inseguridad.
Pero tanto Estrella, Minerva, como el Secretario de Seguridad Pública de Mazatlán, Jaime Othoniel Barrón Valdez, y hasta el Secretario del Ayuntamiento, Moisés Ríos Pérez, mantienen su disco rayado de que se sigue trabajando para fortalecer la percepción de seguridad en el puerto.
Imagínese que no “estuvieran trabajando” por la seguridad en Mazatlán.
En Mazatlán lo mismo te asesinan en la avenida Gabriel Leyva, en la Insurgentes, en Lomas de Mazatlán, en Real del Valle, en la Miguel Alemán, o atacan a balazos a personal de clínica médica, a negocios o de carro a carro.
O dejan un muertito a la orilla del arroyo Jabalines en La Foresta, o hallan arsenal y explosivos en Misiones.
Y los funcionarios municipales siguen diciendo que no pasa nada en Mazatlán y que los medios exageran. En fin, sigan en su “burbuja” mientras el puerto pierde visitantes... basta ver los datos de OMA.
¡FOUL!... La Alcaldesa de Culiacán, Ana Miriam Ramos, dijo que este fin semana inició el operativo vacacional, “les va a tocar si alguno de ustedes acude a las playas de Altata”, dijo... y, hasta Aguaruto, sólo se vio a la Policía Ministerial buscando autos robados.