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Feligreses resguardados

“No salgan por favor, cierren las puertas y guarden silencio”: El ruego del clérigo desde el altar que blindó a feligreses durante balacera en Los Mochis

El clérigo Joel Valdez Villegas pauso la homilía dominical en la Parroquia de Nuestra Señora del Fátima para poder resguardad a los asistentes, ante una violenta persecución y balacera la cual dejo a ocho personas detenidas en el sector Scally
10/08/2026 13:19

AHOME. _ El refugio espiritual se convirtió, de un segundo a otro, en un resguardo vital. La tarde del domingo 9 de agosto de 2026, la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, en Los Mochis, congregaba a decenas de familias que buscaban paz durante la habitual misa dominical. Frente a ellos, el sacerdote Joel Valdez Villegas conducía el rito, que se transmitía completamente en vivo a través de redes sociales para la comunidad virtual.

La liturgia transcurría con la solemnidad de siempre, hasta que la cruda realidad de las calles irrumpió en el recinto. A la distancia, pero con un eco inconfundible, comenzaron a retumbar repetidas detonaciones de armas de fuego.

La lente de la cámara que capturaba la eucaristía logró documentar el instante preciso del terror. Las cabezas de los feligreses giraron repentinamente hacia la puerta principal del templo, ubicado en el sector Scally. Afuera, se libraba una intensa persecución por parte de elementos de la Guardia Nacional (GN), quienes intercambiaban disparos con presuntos gatilleros sobre el bulevar Antonio Rosales.

Ante la confusión y el pánico latente que amenazaban con desbordarse entre las bancas, la intervención del padre Joel Valdez Villegas fue determinante. Al ser informado de la gravedad del enfrentamiento en el exterior, el párroco interrumpió el sermón para tomar el control de la emergencia.

Desde el altar, con voz firme, pero conciliadora, el sacerdote emitió instrucciones precisas para salvaguardar la vida de su congregación. Llamó a mantener la calma y ordenó que, bajo ninguna circunstancia, los asistentes salieran a la calle. En un acto de empatía hacia quienes estaban expuestos en el atrio, pidió que se les permitiera el ingreso inmediato al templo. Una vez que todos estuvieron adentro, la indicación fue tajante: cerrar las pesadas puertas de la iglesia y guardar estricto silencio para no llamar la atención ni ponerse en riesgo.

Mientras las familias se resguardaban y acataban las indicaciones del clérigo, el personal del templo se comunicaba urgentemente al 911 para alertar a las autoridades sobre el peligro que acechaba al vecindario.

Dentro de la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, el fin de los estruendos trajo consigo un alivio generalizado. Al confirmar que los disparos habían terminado, el padre Valdez Villegas otorgó unos minutos de pausa para que los asistentes asimilaran el suceso, abrazaran a los suyos y estabilizaran sus emociones.

Sorprendentemente, la tensión no derivó en tragedias alternas; ninguna persona requirió asistencia médica por crisis nerviosa. Una vez que el silencio regresó al sector Scally y se garantizó la seguridad en el exterior, el sacerdote volvió a tomar la palabra y, ante una congregación que acababa de esquivar el terror, continuó con la misa.