Cobija AMLO a Rocha e Inzunza
Acusa a EU de pruebas hechizas
Razón no le falta al ex Presidente Andrés Manuel López Obrador al afirmar que cuando Estados Unidos decide criminalizar a quien se le ocurra, acude a narrativas mediáticas que no siempre sustenta en evidencias judiciales, esto en alusión a los casos que el país vecino instauró en abril contra políticos de Sinaloa, y que durante seis meses ha sostenido en notas de prensa y no en carpetas de investigación sólidas que se conozcan hasta la fecha. El señalamiento del fundador de la Cuarta Transformación reinstala las tensas diferencias entre los otrora aliados y viejos lobos de mar ambos.
Desde Tabasco a Washington, el diferendo encuentra punto intermedio en Sinaloa que significa el compás de espera en dos sentidos: los acusados aguardan a que se caigan los juicios que no inician la fase probatoria y mantienen viva la presunción de inocencia, mientras los otros todavía no alcanzados por la furia verbal del Presidente Donald Trump rezan para que no les llegue el manotazo autoritario de quien instrumenta la maniobra desesperada para obtener mayoría en la Cámara de Representantes y el Senado en las elecciones intermedias del 3 de noviembre.
Sin lugar a dudas, la Casa Blanca tomó a Sinaloa como espécimen principal del experimento para demostrar la preeminencia de la narcopolítica en México y los seis meses recientes revelan lo difícil que le resulta apuntalar con pruebas tal hipótesis que gana terreno en lo retórico, pero pierde credibilidad en los tribunales. Los ejemplos de Rubén Rocha, que dejó el cargo más por lo que se dice que por lo que se prueba, y el Senador Enrique Inzunza, centro de ardides políticos que son ambrosía para partidos y candidateables, ilustran de la antítesis de la justicia gringa.
El estilo trumpiano no da para festejarlo ni retomarlo porque pobre de aquel que hoy lo encomie y enseguida lo abomine al resultar embestido por esa especie de matamoscas político que Trump utiliza a diario para abrirle paso a su ego de policía del Mundo. Para los aduladores de ese afán intervencionista qué bueno que el magnate metido a Presidente derrumba fronteras y soberanías, siempre y cuando no afecte a los lisonjeros cuyo éxtasis los coloca al ras de traición a la patria. Y como opinión pública a veces caemos en las redes que proponen sustituir la justicia por la habladuría imputadora.
En su nuevo libro “Pueblo”, López Obrador reaparece para poner algunos puntos sobre íes que sobresalen en los renglones torcidos de la realidad mexicana supeditada a la mentira estadounidense. Escribe que “el miércoles 29 de abril me enteré de la acusación del Departamento de Justicia y agencias en contra del Gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; del Senador Enrique Inzunza Cázarez de ese estado y de ocho funcionarios o ex funcionarios más, por presuntos delitos vinculados con sobornos de narcotraficantes” e induce la teoría de que “nuestros vecinos han aplicado el modus operandi de casi siempre; el de uso de testigos protegidos, el manejo de publicidad, las filtraciones, calumnias, los guiones a modo que entregan sus abogados a los acusados, la fabricación de expedientes con pruebas hechizas, premio o castigo y muchos otros viejos trucos”.
Cuando AMLO habla sobran los callos adoloridos que pisa. A inicios de junio dio a conocer una carta en la que plantea al actual inquilino de la Casa Blanca que “regrese el otro Trump”, dejando ver que el de ahora es diferente al que trató en el período en que coincidieron siendo mandatarios de sus respectivas naciones, del 1 de diciembre de 2018 al 20 de enero de 2021. En el mensaje el político mexicano le recuerda al estadounidense que “recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios”.
Esta vez el fundador del partido Movimiento Regeneración Nacional le pica la cresta a Trump y lo hace con el escándalo que el Departamento de Justicia de Estados detonó el 28 de abril de 2026 al acusar formalmente al entonces Gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y 10 funcionarios más en activo o en situación de ex, por presuntos vínculos del narcotráfico, sin que los correspondientes procesos presenten continuidad, pero sí logrando que el juicio social proceda en lo local a sentenciar por veredicto inclemente e inapelable que dicta la vox populi, que no precisa de pruebas.
Cuidado con normalizar la actuación unilateral del Presidente Trump que al tratarse de apoderarse de la riqueza de un territorio, de la fortuna de criminales o de la hegemonía política de un país, procede a debilitarla primero enderezando acusaciones que las instancias judiciales le elaboran a la medida de sus intereses, y promover que hagan eco de las pruebas hechizas, como les llama López Obrador, los medios y políticos enemigos de la Cuarta Transformación.
Entonces, aparte las filias o fobias que incite AMLO, no echemos en saco roto las acotaciones que realiza en su libro, no vaya siendo que algún día caigamos en cuenta que tiene razón y que los ciudadanos llegamos a legitimar la injerencia extranjera de la cual ya no podamos liberarnos. La justicia jamás debe prescindir de la probanza exhaustiva o de lo contrario se transforma en linchamiento al modo de la nada Santa Inquisición de la Edad Media.
A Donald Trump le gusta jugar,
La táctica que lo entretiene:
Si me ves a otros acusar,
Es el golpe que contra ti viene.
La ausencia de autoridad no es sólo el reflejo de las atrocidades de la violencia que vivimos de manera cotidiana sino también la falta de elementos de Vialidad en la asistencia de cruceros conflictivos, la obstaculización del libre tránsito tanto por obras que reparan lo recientemente reparado del drenaje sanitario y retenes militares que cierran las arterias de circulación urbana y dejan un solo carril quién sabe con qué fines. Las calles oscuras que recalcan el miedo a la delincuencia, la llegada tardía de los forenses y policías en lugares donde ocurren hechos de nota roja, y las llamadas de auxilio al 911 que no son atendidas.