Disminuyen los asesinatos y crece el miedo al delito: algo no cuadra

11/02/2026 04:01
    La caída en los homicidios entre 2024 y 2025 contrasta con el aumento del miedo al delito registrado por la ENSU. Esta paradoja refleja que la seguridad no se mide solo en asesinatos, evidenciando los límites en la estrategia de seguridad y en la credibilidad oficial

    En las últimas semanas el Gobierno de la República, en voz del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, ha presumido una disminución significativa en los homicidios entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025.

    Harfuch argumenta que a nivel nacional los asesinatos dolosos disminuyeron un 40 por ciento, pero también ha resaltado caídas significativas en Guerrero con el 65 por ciento, Estado de México con un 54 por ciento, Michoacán con un 53 por ciento, Puebla con un 41 por ciento y Veracruz con un 28 por ciento.

    Sin embargo, estos resultados contrastan con los obtenidos en la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) del INEGI, para el cuarto trimestre de 2025, que muestra una tendencia creciente en la sensación de inseguridad.

    Si bien la incidencia delictiva y la percepción del delito son dos indicadores diferentes, ya que uno mide los delitos y la otra la sensación de seguridad, se espera que ante reducciones significativas del primero la percepción ciudadana de la seguridad mejore. Sin embargo, ha sucedido lo contrario.

    La última entrega de la ENSU nos muestra que en el mismo periodo en el que el Gobierno de la República reporta una caída en los homicidios del 40 por ciento a nivel nacional, la sensación de inseguridad creció del 58.6 al 63.8 por ciento, es decir, poco más de 5 puntos porcentuales que se ubican fuera de cualquier error estadístico.

    Pero no sólo se trata de la tendencia nacional, sino que la misma también se percibe a nivel municipal, ya que la ENSU mide la sensación de seguridad en 91 de las principales Zonas Metropolitanas del país.

    En Guerrero, donde señalan que se han reducido un 65 por ciento los homicidios, se esperaría una mejora significativa en la percepción de seguridad, pero los ciudadanos se siguen sintiendo inseguros. Por ejemplo en Acapulco, en donde por cierto la reducción en los homicidios fue mayor, al lograr el 71 por ciento de reducción, apenas hay una mejoría leve al pasar del 78.9 al 76.7 por ciento del cuarto trimestre de 2025 respecto al tercer trimestre del mismo año. Pero si se compara con septiembre de 2024, empeora levemente, ya que se ubicaba en 73.8 por ciento. Es decir se logra una disminución gigante en homicidios, pero no se traslada a mayor confianza de la ciudadanía.

    Las otras dos ciudades evaluadas en Guerrero siguen una tendencia similar, Chilpancingo se mantiene sin cambios entre el tercer y cuarto trimestre de 2025, al pasar del 86.3 por ciento de percepción de inseguridad al 83.4 por ciento, pero crece respecto a septiembre de 2024, cuando estaba en 79.6 por ciento, mientras que Ixtapa-Zihuatanejo mejora un poco al reducirse del 69.1 por ciento en el tercer trimestre al 64.1 por ciento en el cuarto trimestre de 2025, pero en septiembre de 2024 se encontraba en 57.7 por ciento, por lo que también tiene una tendencia a la alza, a pesar de que hay menos homicidios.

    En el Estado de México que registra una disminución en el 54 por ciento de los homicidios, la tendencia de percepción de inseguridad también va al alza. De hecho, en 7 de los 8 municipios que se miden en la ENSU -Ecatepec, Nezahualcóyotl, Toluca, Tlalnepantla, Chimalhuacán, Cuautitlán Izcalli y Atizapán de Zaragoza- la sensación de inseguridad creció entre el tercer y cuarto trimestre de 2025, y tan sólo en uno, en Naucalpan, hay una leve mejoría, al pasar del 82.1 al 79.7 por ciento. Y si tomamos en cuenta septiembre de 2024 como base, en seis de ellos se registran incrementos, mientras que sólo en Naucalpan y Tlalnepantla se registran caídas.

    En Michoacán el asunto es peor, porque Morelia pasó de septiembre de 2024 a diciembre de 2025 de 66.8 por ciento de percepción de inseguridad a 78.2 por ciento, es decir más de 11 puntos porcentuales de crecimiento. Uruapan por su parte pasa del 85.5 al 88.7 por ciento en el mismo periodo, siendo el área urbana con peor percepción del país, y Lázaro Cárdenas pasa del 34.1 al 37.5 por ciento. Todo ello a pesar de la caída en un 53 por ciento en los homicidios.

    Lo mismo pasa en Puebla, donde la ENSU solo mide a la capital, que tenía en septiembre de 2024 un 76.2 por ciento de percepción de inseguridad y ahora tiene un 84.5 por ciento, sin que la reducción del 41 por ciento en los homicidios haya tenido algún efecto en la confianza ciudadana en la seguridad.

    Por último, Veracruz, con un descenso del 28 por ciento en los homicidios, presenta resultados mixtos en la ENSU, ya que la ciudad de Veracruz mejora en percepción de inseguridad del tercer al cuarto trimestre de 2025, al pasar del 70 al 62.7 por ciento. Sin embargo, en septiembre de 2024 se ubicaba en 60.2 por ciento, por lo que creció ligeramente. Mientras que Coatzacoalcos tiene un efecto en U, al comenzar en septiembre de 2024 en 77.9 por ciento, bajar en septiembre de 2025 a 71.7 por ciento y subir en diciembre de 2025 a 75.8 por ciento. Xalapa tiene una tendencia de U invertida, porque comenzó con 54.6 por ciento en septiembre de 2024, 61.9 por ciento en septiembre de 2025 y terminó en 57 por ciento en diciembre de 2025.

    En resumen, resulta desconcertante que mientras a nivel nacional y en estas entidades clave los homicidios dolosos han tenido reducciones significativas, en la mayoría de los mismos espacios el miedo al delito ha crecido.

    Algo no cuadra en este escenario, ya que la lógica nos indicaría que al dar mejores resultados en materia de contención de homicidios, la percepción de seguridad sería creciente, pero no es así, lo cual nos lleva a ofrecer cuatro hipótesis de lo que puede estar pasando, las cuales no necesariamente son excluyentes en todos los casos:

    1. Maquillaje en las cifras de homicidios. Algunas organizaciones como Causa en Común sostienen que las fiscalías de varios estados han emprendido un proceso de reclasificación sospechosa de los delitos. Por ejemplo, mientras se reducen los homicidios dolosos, los culposos se han incrementado en la misma proporción y también ha crecido el rubro de otros delitos contra la vida, a lo cual debemos sumar un crecimiento de más de un 11 por ciento en las cifras de desaparecidos. Bajo este escenario, en realidad los homicidios no se han reducido o al menos no en la proporción que se presume y muchos de ellos se disfrazan mediante la reclasificación de delitos o las organizaciones criminales han optado por desaparecer los cuerpos para no dejar evidencia de las muertes.

    2. Dilación entre los resultados de seguridad y la mejora en la percepción ciudadana. Bajo esta lógica, los ciudadanos tardan tiempo en recuperar la confianza en las autoridades, por lo que la mejora en los indicadores no se traduce de inmediato en un crecimiento en la percepción de seguridad, sino que el efecto se tendrá que observar en el mediano plazo.

    3. Control criminal de las regiones, pero con menos homicidios. Esto quiere decir que el número de homicidios no necesariamente representa el nivel de penetración de las organizaciones criminales en alguna región. Por ejemplo, se puede pasar de la violencia letal a otra no letal como las extorsiones o las amenazas, pero que generan el mismo miedo al crimen, por lo tanto, se pueden reducir los homicidios y aun así tener una mayor percepción de inseguridad.

    4. El Gobierno de la República no ha logrado promover de forma efectiva los resultados en materia de reducción de homicidios. Es decir, dentro de esta lógica las malas noticias que generan una percepción negativa siguen acaparando los espacios informativos y produciendo miedo al delito, sin que el Gobierno haya podido vender la percepción de que las cosas van cambiando para bien.

    El autor es profesor investigador especialista en seguridad y doctor en políticas públicas