Los ecolocos nos dicen que nuestro destino es comer gusanos y otros insectos y que debemos dejar de comer carne de res, pollo, cerdo, oveja, pescado, etc. ¿La razón? Evitar sus pedos, eructos y demás emisiones corporales metanoides que alteran el clima planetario, que ellos consideran sagrado y por supuesto muy superior a la deleznable existencia humana. En esto, como en otras cosas, resulta que la gastronomía mexicana ya se adelantó y convirtió en manjar lo que debía ser un castigo.
https://www.diariodelviajero.com/america/que-comer-en-mexico-gusanos-de-maguey
“Hace pocas semanas estuvimos en México compartiendo las Fiestas Patrias y tuvimos la oportunidad de probar muchos de sus platos tradicionales. En este caso, vamos a compartir la experiencia de llevarte a la boca un buen plato de gusanos de maguey.
Llevaba la intención de probar la cocina mexicana verdadera, saliendo de los tacos y burritos prefabricados, pero no esperaba que probaría algo tan exótico y tradicional como estos gusanos que crecen en la multifacética planta del maguey. Los antiguos habitantes de la tierra mexicana utilizaron el maguey completamente: desde sus hojas hasta sus púas. Y se comían sus ‘huéspedes’.
En las cartas mexicanas podrás encontrar dos variedades: los mecocuiles o gusanos blancos y los chinicuiles o tecoles, gusanos rojos. Estos últimos (hypopta agavis) son pequeños y rojizos. Suelen comerse en estado larvario (o vivos) y son los que encontramos flotando en el fondo de ciertas botellas de tequila.
En mi caso, mi plato rebosaba de gusanos blancos (foto) en el abundante menú de la Fonda del Refugio, un restaurante tradicional y con clase, en pleno corazón de la zona rosa de México DF. Estos gusanos Aegiale hesperiaris son blancos y grandes. Pueden llegar a medir hasta 7 centímetros y son bastante gorditos (como un dedo meñique pequeño), alimentados a base de hojas y raíces del agave o maguey.
No hay que pensárselo dos veces: ¡pruébalos! Pincha una buena cantidad como si fueran las patatas fritas más tentadoras y... adentro. No te fijes en los detalles. Descubrirás que son crujientes, sabrosos y apenas salados. Su piel crocante envuelve una carne suave, con un sabor agradable.
Después de la primera prueba, querrás más.
Te explico entonces cómo se comen correctamente los gusanos de maguey (y no a bocados con el tenedor). Toma una tortillita, agrega unos 4 o 5 gusanos y súmale la salsa que quieras: guacamole o la salsa 21 (esa que lleva 21 clases distintas de chile y un tomate) más unas gotitas de lima (mira). Enrolla la tortillita y... ya está”.
https://www.gastromakers.com/2018/11/29/los-gusanos-de-maguey/
“En México sabemos aprovechar lo mejor de la tierra.
Son regalos de la naturaleza. Los gusanos de maguey son especiales por su alto nivel nutricional, proteínas sobre todo, y por ser parte de lo más profundo de nuestras tradiciones. Son una excelente fuente de proteínas, grasas e hidratos de carbono, vitaminas y minerales fundamentales para el buen funcionamiento del organismo humano.
Existen dos variedades: los mecocuiles o gusanos blancos y los chinicuiles o tecoles, gusanos rojos. Éstos son la larva de una mariposa que vive en las pencas bajas del maguey y que se nutre de éste. Se recolecta sobre todo durante la época de lluvias, en los meses que van de julio a septiembre. Son caros y exclusivos porque se recolectan muy pocos del maguey, de unos 3 a 4, además de que muere la planta después de esto.
Se trata de un alimento prehispánico que aún se conserva como parte de nuestras tradiciones. Se comen sobre todo en Hidalgo, en donde se cocinan con mantequilla o aceite de oliva para comerlos en tacos, y también en estados como Tlaxcala.
En México la entomofagia o el consumo humano de los insectos, es una práctica que se mantiene vigente en todo el país. Con el boom de su consumo en los restaurantes a manteles, el Gusano de Maguey o chinicuiles se ha posicionado como un codiciado manjar”.
Los ecolocos nos dicen que nuestro destino es comer gusanos y otros insectos y que debemos dejar de comer carne de res, pollo, cerdo, oveja, pescado, etc. ¿La razón? Evitar sus pedos, eructos y demás emisiones corporales metanoides que alteran el clima planetario, que ellos consideran sagrado y por supuesto muy superior a la deleznable existencia humana. En esto, como en otras cosas, resulta que la gastronomía mexicana ya se adelantó y convirtió en manjar lo que debía ser un castigo.
https://www.diariodelviajero.com/america/que-comer-en-mexico-gusanos-de-maguey
“Hace pocas semanas estuvimos en México compartiendo las Fiestas Patrias y tuvimos la oportunidad de probar muchos de sus platos tradicionales. En este caso, vamos a compartir la experiencia de llevarte a la boca un buen plato de gusanos de maguey.
Llevaba la intención de probar la cocina mexicana verdadera, saliendo de los tacos y burritos prefabricados, pero no esperaba que probaría algo tan exótico y tradicional como estos gusanos que crecen en la multifacética planta del maguey. Los antiguos habitantes de la tierra mexicana utilizaron el maguey completamente: desde sus hojas hasta sus púas. Y se comían sus ‘huéspedes’.
En las cartas mexicanas podrás encontrar dos variedades: los mecocuiles o gusanos blancos y los chinicuiles o tecoles, gusanos rojos. Estos últimos (hypopta agavis) son pequeños y rojizos. Suelen comerse en estado larvario (o vivos) y son los que encontramos flotando en el fondo de ciertas botellas de tequila.
En mi caso, mi plato rebosaba de gusanos blancos (foto) en el abundante menú de la Fonda del Refugio, un restaurante tradicional y con clase, en pleno corazón de la zona rosa de México DF. Estos gusanos Aegiale hesperiaris son blancos y grandes. Pueden llegar a medir hasta 7 centímetros y son bastante gorditos (como un dedo meñique pequeño), alimentados a base de hojas y raíces del agave o maguey.
No hay que pensárselo dos veces: ¡pruébalos! Pincha una buena cantidad como si fueran las patatas fritas más tentadoras y... adentro. No te fijes en los detalles. Descubrirás que son crujientes, sabrosos y apenas salados. Su piel crocante envuelve una carne suave, con un sabor agradable.
Después de la primera prueba, querrás más.
Te explico entonces cómo se comen correctamente los gusanos de maguey (y no a bocados con el tenedor). Toma una tortillita, agrega unos 4 o 5 gusanos y súmale la salsa que quieras: guacamole o la salsa 21 (esa que lleva 21 clases distintas de chile y un tomate) más unas gotitas de lima (mira). Enrolla la tortillita y... ya está”.
https://www.gastromakers.com/2018/11/29/los-gusanos-de-maguey/
“En México sabemos aprovechar lo mejor de la tierra.
Son regalos de la naturaleza. Los gusanos de maguey son especiales por su alto nivel nutricional, proteínas sobre todo, y por ser parte de lo más profundo de nuestras tradiciones. Son una excelente fuente de proteínas, grasas e hidratos de carbono, vitaminas y minerales fundamentales para el buen funcionamiento del organismo humano.
Existen dos variedades: los mecocuiles o gusanos blancos y los chinicuiles o tecoles, gusanos rojos. Éstos son la larva de una mariposa que vive en las pencas bajas del maguey y que se nutre de éste. Se recolecta sobre todo durante la época de lluvias, en los meses que van de julio a septiembre. Son caros y exclusivos porque se recolectan muy pocos del maguey, de unos 3 a 4, además de que muere la planta después de esto.
Se trata de un alimento prehispánico que aún se conserva como parte de nuestras tradiciones. Se comen sobre todo en Hidalgo, en donde se cocinan con mantequilla o aceite de oliva para comerlos en tacos, y también en estados como Tlaxcala.
En México la entomofagia o el consumo humano de los insectos, es una práctica que se mantiene vigente en todo el país. Con el boom de su consumo en los restaurantes a manteles, el Gusano de Maguey o chinicuiles se ha posicionado como un codiciado manjar”.