Ya eliminado México de la contienda futbolística mundial, Palacio Nacional no puede evitar que la opinión pública se vea inundada por los escándalos de sus gobernadores y funcionarios de gobierno.
Y no es que los incesantes espectáculos negros de los políticos morenos hubiesen cesado durante la fiesta deportiva, pero sí los triunfos de los once tricolores los hacían pasar a un segundo o tercer plano. Ahora ya no hay goles que los releguen.
Esta semana, Rubén Rocha Moya dejó de ser la piñata favorita de la comentocracia política nacional y fue relevado por Marina del Pilar Ávila, la Gobernadora de Baja California. Sin embargo, ambos casos son partes de un mismo contexto. En los dos hechos interviene la mano de Estados Unidos y, de igual manera, la Presidenta Claudia Sheinbaum sale en la defensa de los gobernadores de Morena.
Sin embargo, en el expediente particular de Marina del Pilar hay una evidencia contundente que la pone contra la pared: tres conversaciones grabadas en las que ella acepta colaborar con autoridades de Estados Unidos para revelar información confidencial de la Mesa de Seguridad presidida por la Presidenta Sheinbaum.
Si la Gobernadora de Baja California está dispuesta a revelar información confidencial del Gobierno Mexicano al FBI y al Departamento de Justicia, según se escucha en los audios dados a conocer por el periodista Héctor de Mauleón, es que las acusaciones que le hacen en Estados Unidos y en los medios periodísticos y políticos de su estado, de que ella ha permitido en su estado actividades delictivas de alto voltaje, deben ser ciertas. Y no tan sólo eso, sino que, al ofrecer información oficial y reservada, comete un acto de alta traición al Gobierno mexicano. No obstante, Palacio Nacional la defiende.
¿Qué es lo que está pasando en el gobierno de Morena, qué es lo que sucede en la 4T, para que la misma Presidenta Claudia Sheinbaum defienda a rajatabla a la Gobernadora de Baja California?
No parece que simplemente defienda los colores de su partido por el hecho de compartir militancia, sino que actúa así convencida de que si cae una pieza importante del dominó político morenista se inicia la caída del régimen. Porque a esa Gobernadora le seguirían otros gobernadores. Si eso sucediera se comprobaría que el sistema de dominación de Morena establecido durante el periodo de Andrés Manuel López Obrador tiene inocultables vínculos con poderes fácticos que la Presidenta Sheinbaum no ha podido o no ha querido desmadejar.
La Primera Mandataria enfrenta un desafío de extrema gravedad porque, por un lado, ha decidido defender a Marina del Pilar, y lo haría igual ante cualquier otra acusación que le hagan a otros gobernadores de Morena, pero las grabaciones intervenidas, muy seguramente por el FBI, revelan que la señora Ávila Olmeda, en plena desesperación, está dispuesta a revelar información secreta del Gobierno Mexicano que tiene que ver con el crimen organizado. Lo cual es sumamente grave.
En primer lugar, sería una ilegalidad porque una Gobernadora o un Gobernador no pueden establecer acuerdos políticos con gobiernos extranjeros que no permita la Federación, como también lo hizo en Chihuahua Maru Campos. En segundo lugar, entregar información confidencial del Gobierno federal es una traición política. En tercer lugar, para salvar su pellejo, le entregaría a Trump las evidencias políticamente más poderosas para debilitar seriamente a Claudia Sheinbaum y, en general, a la 4T. Y, por si fuera poco, fortalecería políticamente Trump en su desesperado intento por no perder las elecciones intermedias el próximo noviembre. De hecho, el jueves 16 el hombre naranja anunció una seria de medidas electorales en las que, de no ganar, le ayudarían a hablar de un fraude contra su partido. Si esas propuestas se consumasen, Trump estaría prácticamente anunciado un golpe de Estado anticipado.
El caso de Baja California revela nuevamente, aún más que en Sinaloa, que Estados Unidos es un factor decisivo en la política interna de México. Y no es que se meta a dirigir campañas electorales de los partidos mexicanos de Oposición, aunque en otros países de América Latina, como en Argentina, Colombia, Perú y otros ha tenido una incidencia evidente, pero sí, a través de intensas presiones políticas y mediáticas- en el que el crimen organizado es el tema central- que desestabilizan los procesos políticos domésticos.
Al margen de lo anterior, el asunto de la Gobernadora Marina del Pilar revela como es que Morena ha llevado al poder a hombres y mujeres con una formación política, ética e ideológica muy endeble con tal de ganar una elección. El partido en el poder, si quiere seguir gobernando, no puede proponer más candidatos y candidatas sin sólidas trayectorias de lucha política y compromiso social, y sin una firme formación ideológica que entienda a fondo las propuestas y valores que, al menos programáticamente, propone su partido. Los experimentos amloistas de jalar a cualquiera que atraiga votos tuvo su momento de eficacia electoral, pero a mediano plazo debilitó a su partido porque no supieron gobernar.
Si la 4T no aprende de esta experiencia, en 2027 va a sufrir serios descalabros.