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Día de la Santa Cruz

La promesa de un mejor techo para su madre marcó el destino de Marco Antonio como albañil en Rosario

Con apenas 15 años, Marco Antonio Ríos Guerrero levantó su primera cruz en la casa de su madre, Trinidad Guerrero, cumpliendo el sueño que desde niño había prometido: ‘Ma, algún día yo voy a ser albañil y te voy a echar el techo’
03/05/2026 03:00

EL ROSARIO._ Con tan sólo 15 años, Marco Antonio Ríos Guerrero llevó a bendecir la primera cruz y fue la del hogar de su madre, la señora Trinidad Guerrero.

Asegura que inspirado en ella, al ser padre y madre a la vez, desde pequeño soñó con mejorarle su “casita”.

Desde aquel momento han transcurrido 35 años de desarrollar esta noble labor en El Rosario y asegura que es tal su pasión por la construcción, que va a dejar de trabajar hasta que las fuerzas se lo permitan.

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No fue su primer trabajo para apoyarla en el hogar, pues desde los 12 años realizó otros oficios, como la venta de paletas, tamales o bolear calzado.

“Yo empecé ¿sabes más por qué?, porque como teníamos una casa nosotros, era una casa de tejas y se llovía, y mi mamá me acuerdo que nos levantaba, ‘pongan ollas, pongan tinas’, y le dije: ‘Ma, algún día yo voy a ser albañil y te voy a echar el techo”, explicó.

Recordó que en ese primer momento arregló los dos techos de la vivienda materna, mientras se desempeñaba como peón, y a los albañiles de la época consultaba todas sus dudas.

“No duré mucho (como peón), como un año o menos, yo digo que la necesidad me hizo eso hacer eso a mí. Como te digo que mi casa se llovía, yo llegaba en las tardes y me ponía (a trabajar en su hogar)”.

Sus días inician a las 4:30 horas, pues su madre, la señora Trinidad, asegura no sólo le enseñó a ser trabajador, sino también a ser responsable.

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“Ella como quien dice nos empujó a esto, nos hizo buenos hombres, porque ella fue padre y madre a la vez. Y yo le agradezco mucho a mi amá, por eso la quiero mucho porque ella fue la que nos dio la vida y nos sacó adelante. Desde chicos nos enseñó a trabajar”.

Ese deseo de superación despertó en él el oficio de la albañilería por lo que rápidamente buscó aprender para convertirse en uno; aunque también cree que corre por sus venas, ya que cuenta con familiares que desarrollan la actividad, entre los que destacó a sus tíos Pedro y Ramón.

Marcos también señaló que contó con grandes maestros, el señor Felipe Plazola y Alberto, quienes ya se adelantaron en el camino, pero nunca olvida sus enseñanzas.

Otra satisfacción que le ha dado esta labor, indicó, es que tras rentar, con mucho esfuerzo construyó la casa para el hogar que formó junto a su esposa Dolores y sus hijas Esmeralda Guadalupe y María Carolina, a quienes dio los estudios en Administración de Empresas y Docencia, respectivamente.

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“(La satisfacción) no, pues mantener a mi familia, que no les falte nada, porque yo de esto dependo, de ser albañil porque es lo que sé hacer y me gusta hacerlo”.

Al buscar garantías para él y su familia decidió trabajar como albañil para una empresa y contar con Seguro Social, pero para completar los ingresos cuenta con dos trabajos extras.

Expuso que todos los años participa de la fiesta de la Santa Cruz, día en que se celebra a los albañiles y trabajadores de la construcción. Este año llevará tres cruces por la bendición de las tres obras donde trabaja.

En esta fiesta, comentó, piden que no falten el trabajo y la salud, buenos cimientos, pero sobre todo, que no ocurran accidentes durante la construcción.

La vocación que siente por este oficio lo lleva a desear nunca dejarlo, a menos que las fuerzas o la vida no le alcancen.

“Nunca lo voy a dejar, hasta que me muera, hasta que ya no pueda, te digo porque no puedo estar sin hacer esto yo”.