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Religión

Ramón y su ‘sí’ generoso a la vida sacerdotal que lo trajo al sur de Sinaloa

Confiado en seguir la voluntad del Creador, el sacerdote Ramón García Valenzuela, originario de Culiacán, celebró sus 17 años de vida consagrada al ser designado por primera vez como párroco de la Virgen de Loreto en Cacalotán, Rosario
10/05/2026 11:22

EL ROSARIO._ Confiado en seguir la voluntad del Creador, Ramón García Valenzuela, vecino de Culiacán, afirma que respondió al llamado de Dios a la vida sacerdotal lo que lo trajo a servir en el sur de Sinaloa.

“Siempre haciendo la voluntad de Dios y renunciar a los gustos personales sobre todo, primero hay que darle gusto a Dios en todo”.

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Así lo expuso al cumplir 17 años de vida consagrada y ser designado por primera vez como párroco de la Virgen de Loreto en Cacalotán, donde además vivió un año como diácono y tres meses luego de su ordenación.

“Un agradecimiento a Dios por esta oportunidad, después de casi 17 años de sacerdote ahora ser párroco es algo bien importante también”, aseguró.

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Sobre su experiencia en el ministerio, indicó que un año permaneció en Tanques, Elota, para después desempeñarse en La Concha, Escuinapa, por espacio de 16 años, en ambos lugares como vicario.

Al recibir el cariño de las personas en las comunidades a donde se le encomienda, esto al separarse de un pueblo al que sirvió por 16 años, entiende que siempre hay una renuncia como aquella que hizo al decidir convertirse en sacerdote.

“Es un pueblo muy lindo La Concha, pero sé que así es la vida sacerdotal, ir peregrinando, pero sobre todo ir dando a conocer el amor de Dios a nuestros pueblos”.

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Sobre su vocación o llamado, manifestó que estando en preparatoria, en segundo año, en Tierra Blanca, Culiacán, tuvo los primeros encuentros denominados círculos vocacionales donde llevó el periodo de discernimiento.

Los primeros pasos en la formación como seminarista los dio en el Seminario Diocesano de Culiacán, pero por motivos de salud tuvo que salir mientras cursaba segundo de Teología, etapa final de la formación del sacerdocio.

“Y los caminos de Dios son inescrutables al final de cuentas, y te lo puedo explicar, a razón de esa enfermedad tuve que salir con permiso, se complicó un regreso”.

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Manifestó que tras ese periodo, recordó las palabras de un ex rector del seminario de la diócesis del norte quien decía que cuando la persona conoce a Dios ese llamado es imborrable.

“Y palabras de mi abuela (María Elena Arce), en paz descanse, decía: ‘Te veo feliz afuera, pero no tan feliz como cuando estabas dentro’”.

Movido por esa necesidad de responder a su llamado, indicó que recurrió a tocar las puertas en la Diócesis de Mazatlán, donde el Obispo Rafael Barraza lo recibió abriendo las puertas del seminario como su casa de formación.

Este segundo ingreso, indicó, lo vio como un segundo llamado a responder a la invitación de Cristo a consagrarse.

Recordó que fue en el año 2009, en el marco del 50 aniversario del Seminario Diocesano de Mazatlán, cuando recibió el diaconado y posteriormente la ordenación sacerdotal en una respuesta a la invitación a pastorear el pueblo de Dios que día a día se renueva.