¿Cuánto durará la guerra?

FACTOR HUMANO
12/09/2026 18:25

Lo que ocurre en Sinaloa advierte al país. La violencia volvió a estallar en Culiacán y en Mazatlán. Esto revela intereses inconfesables pero reales.

El que enciende y apaga la luz

Cuando empezábamos a confiar en que la violencia; bajaba;, alguien volvió a encender el switch de los disturbios simultáneos en las dos ciudades, para recordarnos quién manda. Ocurrió justo cuando el árbitro electoral local arranca con los dados cargados y la guerra cumple dos años. ¿Casualidad cumpleañera o ya empezaron las negociaciones por las candidaturas?

Conviene estudiar esta guerra porque revela verdades que nos tocan a todos. Veamos los hechos: su duración, el ejército desplegado por miles, la cifra astronómica de muertos y desaparecidos, el peor declive económico del estado, el gobierno que no escucha. Todo apunta a una realidad que no se dice.

Los actores del reparto

Preguntémonos: ¿Hay urgencia real de terminarla? Los datos, no el discurso, contestan. “Follow the money”, sigue al dinero.

1. El narco se transformó en rentista y en parte del propio gobierno local donde opera.

Las peticiones de extradición del juzgado de Nueva York sugieren, de comprobarse, que garantiza impunidad y movimiento a cambio de proteger a autoridades estatales. La violencia dejó de ser una crisis irracional: opera como mesa de negociación en la sombra.

El cierre de negocios y el auge de la economía informal son el motor financiero de la próxima generación de gobernantes sumisos, mientras el narco se fragmenta en varias células y el CJNG disputa el sur del estado. La mayoría de sus armas vienen de EEUU.

2. El Ejército pasó de vigilante a constructor, aduanero y empresario.

Cuanto más se alarga la guerra, más indispensable se vuelve, y más presupuesto exige. Entre 2018 y 2026 su presupuesto creció 43%, impulsado también por la absorción de la Guardia Nacional, y para 2027 la propuesta lo vuelve a elevar.

Mientras tanto, hospitales y universidades siguen topados.

Sostener a más de 15 mil efectivos en el estado de Sinaloa le cuesta en viáticos, combustible y logística: dinero que comerciantes, agricultores y pescadores reclaman para sobrevivir. La policía civil local se debilita.

Patrullar solo contiene el fuego, no lo apaga, y devolver el dinero a otras prioridades significaría renunciar al presupuesto. Cada crisis, cada obra nueva, le trae más recursos. Se está malacostumbrando.

El miedo es rentable y se aprovecha políticamente. Cuando el Ejército no sale, también es negocio, por eso se administra.

2. El gobierno estatal

Necesita conservar el fuero de su equipo y, para lograrlo, fuerza las reglas del

Instituto Electoral local a favor de sus candidatos: así protege el sistema que los enriquece.

3. El Gobierno Federal

Administra la tragedia maquillando estadísticas, protegiendo a los suyos y blindando las elecciones en nombre de la Transformación. Ante cada crisis envía más soldados, detiene a más gente, destruye más laboratorios: todo para la foto y para cumplir frente a Washington.

4. Estados Unidos

Usa esa lógica: su etiqueta de organización terrorista funciona como un martillo de presión comercial y fronteriza sobre México —se comenta que el caso Rocha le costó a México la revisión del T-MEC—. Detener cabezas y decomisar fentanilo da votos, pero el mercado sigue abierto: al parecer lo que EEUU necesita es controlar a los proveedores.

El beneficio de contener

Prolongar la guerra le conviene a cada actor: presupuestos crecientes, estabilidad aparente, protección frente a la justicia, palancas de presión comercial y diplomática mutua.

La altísima impunidad en homicidios no es una falla del sistema: es la ventaja que el sistema explota. Los ciudadanos, con miedo y cansados, ya no exigen cuentas de las obras ni del gasto público: solo quieren sobrevivir, cuidar a los suyos y ganarse la vida. Y cuanta más pobreza hay, más necesarias son las tarjetas del bienestar, así ganan votos y se perpetúan.

Las marchas

Las marchas masivas cobran entonces su verdadera dimensión. Los cartelones no detienen las balas ni levantan las cortinas de los negocios, pero exhiben una solidaridad que incomoda al gobierno indiferente.

No resuelven la guerra, pero devuelven la calle a la ciudadanía y ponen los ojos del mundo sobre la capital sinaloense. Eso sí le pesa al poder: solo actúa cuando el costo político amenaza su imagen, su poder y estabilidad.

¿Y la guerra?

Se resolverá el día en que los incentivos políticos, económicos, territoriales y humanos de mantenerla cuesten más que terminarla.

Ya vimos que son muy atractivos para las partes. Lo trágico de todo esto que el costo de vidas y el económico, solo son estadísticas. Pero esa tregua no se va a mendigar en las oficinas públicas.

La paz llegará cuando la sociedad civil, unida con el comercio, el campo, la ganadería y la pesca, decidan en bloque condicionar la reapertura de sus negocios a garantías reales de seguridad, y no antes.

Quien sostiene el ingreso de un gobierno tiene también el poder de afectarlo y de subir o bajar la cortina. Esa llave, la que enciende y apaga la luz, siempre estuvo en nuestras manos. Y ese eres tú.

Lo que ocurre en Sinaloa advierte al país. La violencia volvió a estallar en Culiacán y en Mazatlán. Esto revela intereses inconfesables pero reales.