Logra El Farallón, de Los Mochis, un lugar entre los mejores restaurantes de México
El Farallón, un restaurante que es tradicional visitar cuando se acude a Los Mochis, fue reconocido como uno de los mejores que se tienen en México.
Para la edición 2026, el establecimiento fue incorporado en la Guía México Gastronómico como uno de los 250 para visitar en el País.
De acuerdo con la guía, El Farallón tiene una historia de 65 años, con una cocina basada en pescados y mariscos del Mar de Cortés y del Pacífico mexicano.
“Ha sido reconocido por su cálido servicio y por hacer una cocina internacional con acento mexicano”, señala la publicación.
Tiene prácticas sostenibles, destaca, al respetar las temporadas, tallas y vedas de sus pescados y mariscos; además, consumen de productores locales y aprovechan todo lo posible de los productos para disminuir el desperdicio de alimentos.
“Vale la pena probar la mariscada sinaloense y el filete de garropa zarandeada, una especie endémica de la región. Ofrecen coctelería y algunas creaciones de autor, vasta carta de bebidas”, señala la Guía Gastronómica.
El reconocimiento fue recibido en una gala celebrada en Puebla por parte de la chef Irma Tarín Castillo, de la que Noroeste ha publicado su quehacer en la cocina de El Farallón.
Este restaurante fue uno de los protagonistas de la segunda temporada de la serie documental A qué sabe Sinaloa.
“Mi abuela nos enseñaba a cocinar recetas muy regionales; yo crecí en el Farallón, comiendo, no cocinando, pero descubrí que me gustaba la cocina. Un día le dije a mi papá que deseaba estudiar gastronomía, y me dijo que antes de irme a estudiar debía saber si me gusta ser el chef de cocina y me invitó a trabajar en la cocina del Pangea, y estuve trabajando unos meses de 12 a 14 horas diarias de trabajo”, contó Irma Tarín.
La chef recordó en entrevista sobre A qué sabe Sinaloa que ahí, en las cocinas del restaurante familiar, lloraba de cansancio, se dio cuenta que la cocina duele físicamente.
“Duelen los pies, la espalda, y como novata no sabía cómo debía estar parada, cómo cuidarte. Me enseñaron mucho ahí, pero varias veces quise tirar la toalla porque sí me cansaba mucho físicamente, pero como sí me gusta, sabía que me tenía que acostumbrar”.
Del restaurante Pangea se fue a trabajar al restaurante Pujol, con Enrique Olvera y su equipo, de ahí se trasladó a Nueva York a estudiar más a fondo y posteriormente, regresó como encargada de la empresa familiar.
“Cuando vuelvo al Farallón, ya como chef, le presenté platos a mi papá, pero no le gustaron porque decía que no iban con el concepto; El Farallón es un restaurante posicionado y de mucha tradición, me dio miedo no poder dar el ancho y no tener nada que sumara a la marca”, recordó.
“Me topé con la gente que de verme crecer, pasó a quedar bajo mi mando, a llegar a decirle cómo se iba a trabajar de ahora en adelante,... fue difícil. Tardé unos meses en incorporar mis creaciones, pero me gustó desde el principio estar aquí, creo mucho en mi equipo”.