‘El Mayo’ Zambada, huachicol y fentanilo: una diplomacia reactiva frente a EU

14/07/2026 04:02
    Las declaraciones de Ken Salazar y las investigaciones sobre el ‘El Mayo’ Zambada exhiben una estrategia de seguridad inconexa y una relación bilateral marcada por la confrontación, mientras Washington mantiene la presión sobre el combate al fentanilo y el huachicol fiscal.

    En días pasados, lo dicho por el ex Embajador estadounidense Ken Salazar y un reportaje periodístico a cargo de Luis Chaparro desataron la indignación presidencial. De nuevo el personaje que incomoda es “El Mayo” Zambada, y el pasaje ha servido también para ilustrar la inconexa estrategia de seguridad.

    Se apresó al piloto de la aeronave que se llevó a “El Mayo” a Estados Unidos y se le dejó ir sin mayor interrogatorio. Un testigo privilegiado para desentrañar y entender el operativo que tanto incomoda al oficialismo fue entregado sin más a Estados Unidos. Difícil de entender.

    Pero, más allá de las impericias, preocupa cómo se eleva el tono de confrontación en la relación bilateral. Sin duda la conferencia mañanera de la Presidenta no es el mejor espacio para desplegar la diplomacia. En lugar de avanzar hacia la solución de controversias, se radicalizan las posturas y la vulnerabilidad se incrementa.

    No es llamándose a engaño como se contendrán los misiles; no es pateando el bote que se detendrán las averiguaciones.

    Estados Unidos entiende que el problema del fentanilo y el huachicol son también un problema de seguridad nacional para ellos, y así como celebran el incremento en la cooperación, exigen resultados en aquellos casos que han documentado con creces, pero que el Gobierno mexicano insiste en proteger. Esa dinámica no va a cambiar, acaso se va a agudizar. Ejemplos sobran.

    La expansión del crimen organizado no se puede entender sin la
    participación de autoridades

    El huachicol fiscal por fin ha logrado ser descrito meticulosamente, el problema es que está muy lejos de ser desterrado. Tenemos más y mejor información de cómo opera, pero no tenemos evidencia de que su combate sea efectivo. Todos los días hay anuncios de nuevos decomisos, pero también descripciones de nuevas redes.

    Si esto es así, es previsible que las averiguaciones abiertas en Estados Unidos sigan nutriendo listas de miembros de la delincuencia organizada junto con los cómplices que desde el Gobierno hacen posible que dicho robo siga ocurriendo.

    Esa es la parte que no ha entendido el Gobierno: la expansión del crimen organizado no se puede entender sin la participación de autoridades que han estado coludidas. La demanda por solucionar el problema de raíz no se va a detener.

    Pero el pasaje también ha servido para ilustrar el poco acompañamiento que ha tenido el concepto de soberanía esgrimido por la Presidencia. En el caso de un delincuente tan poderoso como “El Mayo”, el sentido común parece privilegiar el fondo (su detención) sobre la forma (quién lo hizo). La Presidencia no celebra el fondo y sí lamenta la forma.

    El lío en el que estamos metidos no es menor, los informantes en Estados Unidos ofrecen cada día evidencias más detalladas, el volumen de las operaciones vinculadas con la delincuencia organizada es cada vez más cuantioso, y aquí las reacciones son cada vez más iracundas.

    Ojalá pronto podamos volver a los tiempos de una diplomacia menos reactiva y visceral, y más inteligente y profesional. Nos hace falta.