Hace días, Marco Rubio, Secretario de Estado estadounidense, insistió en que la lucha de México contra los cárteles no es ni de lejos suficiente, que existen vastos territorios de nuestro País que no se encuentran bajo el control efectivo del Estado, que el poder de esos grupos criminales pone en riesgo la estabilidad regional y la seguridad nacional de Estados Unidos y que Washington enfrentará a esas organizaciones de una forma u otra.
La Presidenta Sheinbaum reiteró que se trata de una agenda electorera y subrayó los avances de México en materia de seguridad. No hay sorpresas o novedades de ningún lado de la frontera. La amenaza estadounidense no cesará hasta que no haya evidencia de que se quiere combatir en serio a la narcopolítica, pero preocupa el diagnóstico nacional.
Tengo la impresión de que la incomodidad en Washington con el avance del crimen organizado y su cercanía con las autoridades no tiene que ver con una agenda republicana o demócrata, no creo que tras las elecciones de noviembre conozcamos algún viraje en la estrategia.
Ciertamente el estilo de Trump es muy peculiar, pero el tema de la narcopolítica forma parte de la agenda binacional desde hace mucho tiempo, y no se borrará con unas elecciones que, por lo demás, son intermedias. Pensar lo contrario es una ilusión. En fin, mientras que aquí se insiste en minimizar el problema, allá se reitera en su gravedad.
la espalda al problema
de la narcopolítica
La misma semana en que se dan las declaraciones de Rubio se inició formalmente el proceso electoral 2026-2027 en México. Más allá de que se tuvo una ceremonia muy ominosa, con las autoridades tanto jurisdiccionales como administrativas sumergidas en una severa crisis, que ha ido relajando todo tipo de controles y garantías, quisiera llamar la atención en un punto: también la autoridad electoral le da la espalda al problema de la narcopolítica.
Si una de las preocupaciones fundadas es la cercanía de la delincuencia organizada con los procesos electorales, aquí estamos lejos de estar encarando el problema de frente. Desde hace meses se viene postergando la discusión en el Consejo General del INE de unos lineamientos para regular y fiscalizar todo aquello que se relacione con los procesos políticos que todos conocemos como los actos anticipados de las precampañas
El proceso ya se inició, las precampañas siguen, y no hay ningún lineamiento para, aunque sea por curiosidad, saber algo del origen de esos montos de recursos tan espectaculares que se han desplegado en todo el territorio. Todos vemos derroches inexplicables y la autoridad no ve siquiera la necesidad de emitir algunas reglas.
La renuncia al arbitraje es escandalosa. Lo que hoy tenemos es un Consejo General sin memoria, que cada vez delibera menos y avasalla más. Pero, así como esconder la cabeza no desaparece al avestruz, mirar a otro lado no resuelve la grave cercanía del crimen organizado con las elecciones. Nadie quiere ver la narcopolítica.
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El autor es consultor internacional en materia electoral.