Octubre se ensañó con Mazatlán
¿Para cuándo la paz, Presidenta?

OBSERVATORIO
03/11/2026 04:02
    El duro golpe que la delincuencia le asesta a Mazatlán es a la vez la bala en el pie para la tierra de los once ríos que le da forma al doceavo afluente de sangre y lágrimas. Inadmisible que el territorio paradisiaco de la costa a la sierra y desde Escuinapa a El Fuerte prosiga después de tanto tiempo a merced de criminales que chocan entre sí y excesiva fuerza pública incapaz de contenerlos

    A Mazatlán le urge saber qué va a pasar con la violencia estacionada en este destino turístico que la convierte en la ciudad de Sinaloa con mayor índice de delitos de alto impacto, registrando más de la mitad de los homicidios dolosos y feminicidios en el recién concluido mes de octubre. La efeméride trágica en la Perla del Pacífico le desfigura el rostro hospitalario que dejó de atraer a visitantes internacionales y nacionales y pasó a imbuirles desasosiego a quienes buscan sol y playa, no periplos que trasmuten a tragedias.

    El recuento de los daños por los 785 días y noches de la barbarie encuentra en octubre la certificación de que la narcoguerra aún no tiene fecha de caducidad. Cuando despertamos creyendo que la pesadilla terminó, aquí está junto a habitantes escondidos bajo las camas. En los terribles 31 anocheceres del mes que cerró el sábado, el solar de venados padeció la riña en el Penal con saldo de nueve muertos, la colocación amenazante de restos humanos en Palacio Municipal, así como 14 feminicidios. Y noviembre empieza a marcar su huella no menos letal con el asesinato de tres personas en ataques a centros de rehabilitación.

    La realidad no deja lugar para llamarla de otra manera sino con el nombre de la atrocidad. Nada de simular respuestas en medio de la autenticidad que vuelve inaceptable el fingimiento. Ningún mazatleco desde su posición de gente de bien puede permitir que el salvajismo avance llevándose entre sus tropelías lo mucho legítimo que ha sido edificado con el esfuerzo colectivo. Alto a las promesas gubernamentales de seguridad que no vienen respaldadas en crímenes a la baja y voluntad por pacificar al alza.

    El duro golpe que la delincuencia le asesta a Mazatlán es a la vez la bala en el pie para la tierra de los once ríos que le da forma al doceavo afluente de sangre y lágrimas. Inadmisible que el territorio paradisiaco de la costa a la sierra y desde Escuinapa a El Fuerte prosiga después de tanto tiempo a merced de criminales que chocan entre sí y excesiva fuerza pública incapaz de contenerlos.

    Llegó el momento de colocar en el centro de la conversación y las aspiraciones de los pacíficos la interrogante de cuánto tiempo más requerirá el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo para imponerse en Sinaloa como la mujer que adquirió el encargo constitucional de proteger a los mexicanos. Particularmente a los mazatlecos les urge que la fuerza del Estado concrete las condiciones que eviten el derrumbe de la tranquilidad y junto a ello el colapso de la actividad turística que es uno de los principales soportes de la economía estatal.

    Ya basta, Presidenta, de que el mundo referencie a Mazatlán como región controlada por el hampa y que ese sea el parámetro que determine también la ausencia de gobierno. Octubre le ha tatuado a Sinaloa, con mayor relieve al semblante mazatleco, la percepción de que aquí, donde merodeó la tambora, los seductores atardeceres y los carnavales, ahora ronda la amenaza de perder la vida en el intento por la recreación y la diversión. ¿Qué sigue más eficaz de lo hecho hasta hoy en los operativos que devuelvan la esencia alegre y espléndida al principal puerto sinaloense?

    Es la hora de interrogar al unísono a los servidores públicos que tienen a cargo el amparo a los que dentro del marco legal y respetándose uno a otros lo único que anhelan es que las autoridades restablezcan la Ley y el orden. ¿Cómo regresarles a los sinaloenses y los foráneos el edén que visto desde el Cerro del Crestón borra las penas y recalca el orgullo de ser y de estar en Mazatlán? ¿En qué momento los paseos en pulmonías estarán exentos de hallarse en medio de las balas cruzadas entre maleantes?

    Dígannos ustedes, secretarios Omar García Harfuch, Ricardo Trevilla Trejo y Raymundo Pedro Morales Ángel, cuándo las acciones de Seguridad y Protección Ciudadana, Defensa Nacional y Marina Armada lograrán reinstalar la reconfortante alegoría del Mazatlán donde la vida se pasa sin llorar. El instante preciso en que se reactiven los engranajes de la maquinaria turística y reinicien la producción de empleos, riqueza e historias de visitantes satisfechos.

    Son las interrogantes que deja octubre en su marcha incontenible hacia más crueldad.

    Reverso

    Por el octubre terrorífico,

    Que tanto, Mazatlán, te daña,

    Dejó de nombrarse Pacífico,

    El océano que te baña.

    ¿Para qué las escuelas?

    El documental “El fin de la escuela”, un proyecto de Juan Alfonso Mejía, fue presentado con éxito el 23 de septiembre en la Ciudad de México, e inicia ahora el recorrido por 14 ciudades del País, tocándole el turno a Culiacán mañana 4 de noviembre a partir de las 15:15 horas en Cinépolis, plaza contigua al edificio en que Mejía despachó como Secretario de Educación Pública y Cultura de 2018 a 2021. La expectativa tiene que ver con abrir la conversación sobre el papel del aprendizaje frente a los desafíos de nuestra sociedad. “En un país lastimado por la violencia, la inequidad de oportunidades y la incertidumbre sobre el futuro, El fin de la escuela recupera una pregunta esencial: ¿Para qué queremos las escuelas?”. Un tema puntual cuando los sinaloenses buscamos las indicaciones para trasponer malos tiempos.