Origen de la Semana Santa: así se celebraba en el Siglo 4

Lo que quiso decir
31/03/2026 04:00
    La celebración de la Semana Santa tiene registros documentados desde el siglo IV en Jerusalén, donde ya existía un ritual estructurado que incluía procesiones, lecturas bíblicas y ceremonias que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesús, con posibles orígenes que se remontan a los primeros siglos del cristianismo.

    La versión más antigua de la celebración de la Semana Santa en la Iglesia primitiva proviene de un relato escrito alrededor del año 380 por una viajera llamada Egeria, quien visitó Jerusalén en ese tiempo.

    Ella vivía en Hispania (España) y emprendió un viaje de tres años por Egipto, Israel, Palestina y Siria. A lo largo de su recorrido registró sus experiencias en un diario destinado a sus hermanas, que vivían también en Hispania.

    El diario, descubierto en el Siglo 19, se conoce como La peregrinación de Egeria y proporciona una visión única y precisa de la Semana Santa en Jerusalén en el siglo IV. Ella describe detalladamente lo que vivió:

    La celebración inicia el Domingo de Ramos, cuando el obispo y los fieles realizan una procesión con ramos, imitando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén.

    El Lunes Santo, “todos se reúnen en la gran iglesia, donde se repiten continuamente himnos y antífonas hasta la primera hora de la noche y se leen lecciones adecuadas al día y al lugar, intercaladas siempre con oraciones”.

    El Martes Santo es similar al lunes, con la diferencia de que el Obispo “lee las palabras del Señor que están escritas en el Evangelio según Mateo, donde dice: ‘Miren que nadie los engañe’. Y el Obispo lee todo ese discurso, y cuando lo ha leído, se hace la oración”.

    El Miércoles Santo es similar al lunes y martes, aunque también con una diferencia en la lectura: el sacerdote lee “el pasaje en el que Judas Iscariote se dirigió a los judíos y declaró lo que debían darle para traicionar al Señor. Y cuando se ha leído el pasaje, hay tales gemidos y lamentos de todo el pueblo que nadie puede evitar conmoverse hasta las lágrimas”.

    El Jueves Santo se celebra la Santa Cena dos veces. Luego, en la noche, los fieles van al Monte de los Olivos, donde se cantan himnos y se hacen lecturas de los evangelios, para luego ir a Getsemaní, “donde el Señor oró” y donde “se lee el pasaje del Evangelio en el que el Señor fue capturado”.

    El Viernes Santo se venera la Santa Cruz, una reliquia supuestamente descubierta por Elena, madre de Constantino, que, según la tradición, era la misma que Cristo cargó y en la que fue crucificado. Entonces se veneraba en el Gólgota, el mismo lugar de la crucifixión, donde Egeria estuvo presente.

    El Sábado Santo se celebra nuevamente la Santa Cena y se leen pasajes sobre la resurrección como preparación para el domingo, en el que, a su vez, se celebran servicios habituales, se cantan himnos de resurrección y se lee el pasaje sobre Tomás el incrédulo, quien no creía en la resurrección.

    Esta descripción del Siglo 4 muestra que para ese entonces, en Jerusalén -cuna de la Iglesia primitiva-, ya se celebraba la Semana Santa con un ritual elaborado. Los especialistas de este periodo consideran, a partir del texto de Egeria, que la celebración ya tenía siglos de practicarse.

    Plantean la posibilidad de que ésta inició desde el Siglo 1, en época de Santiago el apóstol, primer Obispo de Jerusalén, o al menos desde el Siglo 2, en tiempos de los primeros obispos de la comunidad judeocristiana. Es evidente que desde los primeros tiempos de la Iglesia esta celebración fue fundamental. ¿Lo es ahora?