Luisa María Alcalde, Consejera Jurídica de la Presidenta Sheinbaum, inauguró en la mañanera una sección llamada “Derecho de Réplica” para desmentir a Martha Elena Reyes Zazueta, presidenta de Coparmex Sinaloa, quien había documentado una caída del 35 por ciento en la economía estatal, el cierre o baja de alrededor de 7 mil empresas y la pérdida de más de 38 mil empleos. La respuesta desde Palacio Nacional fue que esa narrativa es falsa.
¿Falsa? Permítame compartirle algunos números que provienen de instituciones del propio gobierno federal.
Según datos oficiales del Inegi, entre el primer trimestre de 2024 y el primer trimestre de 2026 se han perdido en Sinaloa 59 mil 714 empleos de todo tipo. No lo dice Coparmex: lo dice el Inegi. Según el IMSS, entre abril de 2024, antes de que estallara la narcoguerra, y abril de 2026, se perdieron 27 mil 349 puestos de trabajo formales. Y en ese mismo periodo hay 4 mil 704 patrones registrados menos. Cuatro mil 700 empresas que ya no tienen trabajadores que asegurar porque cerraron o se fueron.
Martha Reyes fue directa al calificar la narrativa oficial: “Creo que es un insulto a la inteligencia del sinaloense. Hay que ser justos, hay que hacerlo todo redondeado, todo del 2024 para acá, que no jueguen con la inteligencia del sinaloense”. Difícil decirlo con más claridad.
La funcionaria federal argumentó que entre julio de 2024 y abril de 2026 el IMSS registró un aumento de 5 mil 236 puestos de trabajo. El problema con ese argumento es la fecha de inicio que eligió: julio de 2024, dos meses antes del estallido de la violencia en septiembre de ese año. Si el análisis se hace desde donde corresponde, desde antes de la “narcopandemia”, el saldo es devastador. Los datos que las autoridades presentan, según los propios afectados, son los que pretenden omitir para maquillar cifras positivas. Elegir el punto de partida es también una forma de mentir con números verdaderos. Estrategia retórica pura.
Culiacán encabeza hoy las ciudades con mayor percepción de inseguridad del País: en marzo de 2026, el 84.4 por ciento de la población adulta consideró inseguro vivir en la ciudad. Eso no es una narrativa. Es lo que siente y vive la gente cada mañana cuando decide si sale a trabajar o se queda encerrada en casa.
La economista sinaloense Cristina Ibarra lo documentó con otro indicador que habla por sí solo: “Históricamente nunca hemos tenido una inversión extranjera tan baja; a diciembre de 2025 se cerró con un flujo de solamente 1.6 millones de dólares. Esto significa que las empresas no están reinvirtiendo sus utilidades, sino simplemente las están enviando fuera del país”. La funcionaria federal mencionó que en el primer trimestre de 2026 la inversión extranjera llegó a 125.8 millones de dólares como señal de recuperación. Lo que no dijo es que ese indicador sigue por debajo del promedio histórico de los primeros trimestres de la última década, que asciende a 179.9 millones de dólares, y que las nuevas inversiones -no las reinversiones- cayeron un millón de dólares respecto al año anterior. Recuperación parcial, presentada como éxito total.
Detrás de cada uno de estos números hay una situación humana. Hay familias que se quedaron sin el ingreso con el que pagaban la renta, la escuela de los hijos, la comida de la semana. Hay comerciantes que bajaron la cortina por última vez. Hay trabajadores del campo que ven cómo la crisis agrícola se profundiza sin que llegue una política pública eficaz. Apenas esta semana, agricultores sinaloenses anunciaron que retomarán la toma de casetas al considerar insuficientes las respuestas del Gobierno federal frente a la crisis de rentabilidad que enfrenta el campo. La pesca y la acuacultura tampoco han recibido atención real.
Y sin embargo, la sociedad sinaloense no se ha rendido. Con una resiliencia que merece reconocimiento o caso de estudio, ya no sé.
Martha Reyes lo resumió así: “Iniciamos mayo con mucho movimiento bélico, una plaza baleada con gente adentro, un casino baleado, asesinatos en la calle y siguen los cierres de comercios, que han sido los más afectados, y una indiferencia del Gobierno totalmente”. Indiferencia. Esa palabra describe mejor que cualquier cifra oficial lo que Sinaloa ha recibido desde Palacio Nacional.
Tratar a una sociedad que documenta su dolor como adversaria no es gobernar. Es abandonar. La vida del pueblo de Sinaloa depende, en buena medida, de que los gobiernos se dediquen a resolver los problemas en lugar de tratar de ocultarlos.