Ramón Luquin: 35 años recorriendo El Rosario en bicicleta para vender cacahuates
EL ROSARIO._ “¡Cahuates!, ¡cahuates!”, es el grito sonoro y fuerte de Ramón Luquin, vecino de 83 años, mientras pedalea su bicicleta.
El tiempo no lo ha desgastado pese a los 35 años de formar parte del ambiente para ofrecer sus cacahuates.
“Tengo 35 años tirándole, vendiendo cacahuates, 35 años... Pero esa es mi vida trabajar”, aseguró mientras de la jaba saca dos bolsas con cacahuates para entregarla a un cliente.
Esta actividad la alterna con la venta de nanche y guamúchil, pues al aprovechar cada temporada se garantiza un ingreso para su hogar todo el año.
“Tres productos vendo yo todos los años si Dios quiere, todos los años mientras que esté vivo. Aquí todo el pueblo me conoce... Tengo 35 años trabajando en esto (cacahuates) en mi bicicleta”, argumenta.
Sobre sus inicios, señaló que fue por necesidad de sacar adelante una familia de 10 hijos y esposa, luego de migrar de su natal Matatán.
“La necesidad de uno lo hace, busca uno la vida y dice ‘¡Ah! Pues aquí ganas, ahí me quedo’”.
Expuso que tiene dos rutas, una por la mañana sin hora de inicio, y el fin de las labores lo marca conforme se acabe el producto.
Para desarrollar la actividad, indicó que compra el cacahuate tostado en Los Copales y lo ofrece a 12 pesos la bolsa, pero si le compran varios paquetes los baja a 10 pesos.
Recordó que en sus inicios las ofrecía a 2 pesos, pero porque el kilo se lo daban a 5 pesos ya que en la actualidad cuesta 70 pesos.
Al ser de familias de artesanos dedicados al tejido de palma, muebles y escobas, propias de la sindicatura de Matatán y del campo, por parte de su madre la señora Tomasa Huaira, y su padre Marcos Luquin, quien se dedicó a la limpia de cuamiles, fue que aprendió el gusto por el trabajo honrado.
“Gracias a Dios que sí, honraditamente que sí, siempre me ha gustado trabajar, yo no me meto con nadie. Yo no tomo, no fumo, nomás me dedico a sacar un peso pa’ mi casa, pa’ que mi familia coma, coma mi compañera”.
Al migrar a la cabecera hace aproximadamente 40 años dejó el oficio de artesanos para iniciar con la venta de ceviches y ostiones, para poco después descubrir el oficio que ahora desarrolla, siempre movido por la necesidad y en busca del dinero bien habido para sostener a su familia.