Obispo de Mazatlán llama a honrar a los padres y reconocer su papel en la formación de los hijos
En el marco de la celebración del Día del Padre, el Obispo de Mazatlán, Mario Espinosa Contreras, llamó a la población a agradecer la entrega y el esfuerzo de quienes desempeñan esta importante labor familiar, además de recordar con cariño y oración a aquellos padres que ya han trascendido a otra vida.
El presbítero destacó que esta fecha representa una importante oportunidad para reconocer las enseñanzas, recomendaciones y el ejemplo que muchos padres dejaron a sus hijos durante su vida; al mismo tiempo que pidió elevar plegarias por su descanso eterno.
“Para los papás que han muerto, pedir por su eterno descanso y recordar sus enseñanzas, sus insistencias, sus recomendaciones y también el testimonio de las cosas buenas de su vida”, expresó Espinosa Contreras.
“Para los padres vivos, igualmente agradecer y pedir a Dios que ellos cumplan esa labor tan importante para la vida de sus hijos; que no es solamente llevar el sustento a la casa, sino también acompañar a sus hijos e hijas en el proceso de su formación como personas responsables y ecuánimes”.
Asimismo, subrayó que la responsabilidad paterna siempre ha ido más allá del sustento económico, pues también implica educar con valores, fomentar la responsabilidad y formar personas de bien que contribuyan de buena manera a la sociedad.
En tanto, advirtió que la ausencia o el distanciamiento de un padre puede dejar profundas huellas y heridas en la vida de los hijos, generando vacíos emocionales que afectan su desarrollo y bienestar.
“Cuando los hijos no tienen a su papá, es un vacío. O cuando el padre es lejano o irresponsable, también sus hijos sufren esa distancia y esa negatividad. Por eso el padre debe esforzarse en ser un hombre de bien y un hombre responsable que los enseñe a andar por el camino del bien”.
Por otro lado, durante la homilía dominical, monseñor Mario también aprovechó para exhortar a los fieles a dejar de lado el rencor y la envidia en sus corazones, promoviendo una actitud de reconciliación frente a quienes buscan hacer daño; además de aceptar el perdón y la paz como motor cristiano.