Un agente de la Guardia Nacional golpeado brutalmente hasta la muerte en plena zona turística de Mazatlán el pasado 15 de enero debió empezar a levantar alertas... pero el dejar tirado ayer el cadáver de un policía municipal de Culiacán a sólo unos metros del Congreso del Estado debiera encenderlas todas.
No es un hecho aislado. El de ayer es el quinto agente de la ley asesinado en los 22 días que van de este mes de enero de 2026 y 2025 arrojó la cifra macabra de 47 elementos policiacos asesinados en Sinaloa. Esto sin contar a militares caídos en el cumplimiento del deber.
La organización Causa en Común señala que en todo el País, en 2025 fueron asesinados al menos 348 policías, siendo Sinaloa el estado donde más hubo homicidios de este tipo.
“El asesinato de agentes no es un daño colateral, sino una estrategia reiterada de control territorial y desafío abierto al Estado”, señala la organización dedicada a documentar este similares tipos de incidencias en México.
Sobra decir que hechos como el de ayer en Culiacán, donde el cuerpo asesinado del policía es dejado cerca de la sede del Poder Legislativo no es un hecho fortuito, sino de nuevo un mensaje claro al poder político.
La muerte de los policías nunca es un hecho aislado ni fortuito, va más allá, pues golpea a toda la institución y manda un mensaje de poderío criminal y de la vulnerabilidad de nuestras fuerzas del orden, sobre todo de las policías municipales, que son las más golpeadas por estos homicidios de sus elementos.
Urgente poner el dedo en esa llaga que ya supura de nuestras corporaciones, no para removerla, sino para empezar su reparación.