Cada Carnaval hay una novedad. “No hay Carnaval sin mitote” es de hecho parte de la sabiduría popular. El problema es que este año la tragedia es el mitote y la imagen lastimada de Mazatlán hacia el exterior es el tema.
Ya de por sí Sinaloa carga desde hace años, y más estos dos últimos, el peso del estigma bien ganado al ser de los estados donde prolifera la violencia producto del narcotráfico.
La disputa que sostienen ahora las facciones de los cárteles y que se ubicaba en Culiacán principalmente terminó por transminar a todo el sur de Sinaloa.
Así que ahora aquí estamos de nuevo con un Carnaval en puerta y un problema de imagen y de realidad de lo que ocurre en el puerto.
El año pasado hubo cancelaciones de aristas del elenco anunciado, y aunque hoy no se ha dado esa situación, lo cierto es que el tema de los 10 trabajadores mineros desaparecidos en Concordia, y el posterior hallazgo de fosas en esa zona, vinieron a poner el foco en la región, que se convirtió en rojo con la privación de la libertad de seis turistas, de los cuales cuatro hombres permanecen aún desaparecidos.
Una protesta ayer en calles de la Ciudad de México contra la situación de estas desapariciones no es la mejor promoción para una ciudad que vive del turismo.
Tal vez no hay manera de culpar a las autoridades actuales de algo que se ha venido gestando desde hace décadas, pero la lección es que tratar de ocultar el sol con un dedo y tratando de voltear hacia otra parte esperando que el problema se resuelva solo, es, en definitiva, un pecado de omisión.
Y ahora aquí estamos con un Carnaval llegando y unas fosas y desaparecidos que se suman al contexto actual, en una especie de bipolaridad que todos sufrimos.