Club de lectura en Navolato fortalece comunidad y convierte la literatura en un espacio de encuentro
Lo que comenzó como una idea inspirada en videos de redes sociales terminó por convertirse en un espacio de convivencia, reflexión y comunidad en Navolato.
Un club de lectura impulsado por un pequeño grupo de amigas ha crecido hasta reunir a alrededor de 14 integrantes que cada mes se reúnen para conversar sobre literatura y fortalecer vínculos.
El Club de Lectura Tinta y Café, construido en Navolato, ofrece un lugar de encuentro a apasionados de la literatura. Amairany Vidal Esparza, una de las fundadoras, explicó que la iniciativa surgió después de observar en internet cómo otras personas organizaban este tipo de encuentros, lo que despertó su interés por replicar la experiencia en su municipio.
“La idea nació porque me tocó ver en internet en TikTok cómo hacían otras personas club de lectura y cómo se reunían, y las dinámicas. A mí me encantó la idea, pero me faltaba ver qué onda con el grupo, de dónde conseguirlos”, relató.
El primer paso fue invitar a personas cercanas que compartieran el gusto por la lectura. Así, cinco mujeres se reunieron en su casa para discutir la propuesta y definir las bases del proyecto.
“Ese día se formó el club oficialmente porque fuimos las cinco miembros fundadoras, hablamos de los términos generales, de la frecuencia de las reuniones y qué tipo de lecturas íbamos a tener”, explicó.
Desde entonces, el club estableció una dinámica mensual: una persona propone un libro, se convierte en moderadora de la sesión y organiza la reunión donde se discute la obra.
La primera lectura fue La metamorfosis de Franz Kafka, una elección que permitió romper el hielo entre las participantes.
“El debate fluyó porque ya nos conocíamos y conectábamos muy bien. Empezamos a hacer preguntas que generaran discusión sobre los temas del libro, los personajes y el estilo de la obra”, recordó.
Con el paso de los meses, las reuniones comenzaron a incorporar dinámicas creativas inspiradas en los propios libros. Por ejemplo, durante la lectura de Los Siete Maridos de Evelyn Hugo, se ambientó la sesión con elementos temáticos, mientras que para Orgullo y Prejuicio las participantes organizaron una tarde de té.
“Personalizamos cada reunión de acuerdo con la temática del libro. A veces hay preguntas, encuestas o pequeñas dinámicas para que el debate sea más participativo”, explicó Vidal Esparza.
En su caso, cuando le tocó moderar la discusión de Ensayo sobre la Ceguera, diseñó una actividad sensorial para reflexionar sobre los temas de la obra.
“Jugamos con una caja oscura donde tenían que meter la mano y adivinar objetos solo con el tacto, para darle importancia a los sentidos, que es uno de los temas del libro”, contó.
Más allá del número de libros leídos, Vidal Esparza considera que el mayor logro del club ha sido la comunidad que se ha formado entre sus integrantes.
“Más que nada el aprendizaje y compartir con la comunidad. Para mí fue reconectar con la lectura y poder debatir con otras personas temas que me ayudan a crecer”, expresó.
Actualmente el grupo reúne a cerca de 14 integrantes, aunque la asistencia varía dependiendo de la disponibilidad de cada persona. Aun así, las reuniones se han convertido en un momento esperado por quienes participan.
“Hay personas que literalmente me dicen que es el día que más esperan del mes, venir y compartir opiniones con los demás”, dijo.
El principal desafío ha sido integrar a nuevos miembros en un grupo que ya ha desarrollado una fuerte confianza entre sus participantes, aunque considera que la experiencia sigue siendo positiva.
“De pronto ya hicimos una confianza muy bonita entre todos y cuando llega alguien nuevo se siente el proceso de adaptación, pero nada que no se pueda manejar”, comentó.
El club mantiene además un grupo de personas interesadas en sumarse, a quienes se les envía cada mes la lectura y la invitación para participar. Su aspiración es que la iniciativa crezca y permita explorar nuevas dinámicas.
“Nos gustaría tener más miembros, más variedad de opiniones y poder hacer diferentes actividades. La variedad siempre nos va a ayudar a mejorar”, señaló.
Para quienes viven en comunidades pequeñas o alejadas de las ciudades grandes, Vidal Esparza considera que la clave está en dar el primer paso y animarse a crear estos espacios.
“Con una sola persona que te escuche y con la que puedas compartir una historia o un personaje es suficiente. Lo importante es animarse a invitar a alguien y empezar”, concluyó.
Así, este club de lectura en Navolato se ha convertido en un ejemplo de cómo la literatura puede trascender lo individual para convertirse en un ejercicio colectivo de diálogo, aprendizaje y construcción de tejido social.