Recrea Jorge Gastélum anécdotas alrededor del Parque de la Filosofía
Rodeado de grandes pensadores de la historia, Jorge Gastélum Escalante documentó en “La vuelta al día en cuarenta parques” (Puertabierta Editores, 2025), la vida cotidiana de los sinaloenses que acudieron al Parque de la Filosofía.
Se trata de una etnografía literaria y testimonial centrada en la observación detallada y cotidiana de lo sucedido durante los primeros 40 días de la pandemia de Covid-19 en 2020, en el parque ubicado en el Fraccionamiento Villa Universidad, en Culiacán.
Entre Homero, Galileo, Carlos Marx y Kant, Gastelum, mientras recorría las 5 vueltas de la pista de 650 metros, surgió la idea de documentar lo que ocurría en ese parque, anécdotas e historias que formaron el libro.
“Me propuse tomar registro de lo que veía durante mis caminatas durante una cuarentena, y eso hice”.
Y como un observador atento y riguroso registró el comportamiento social, las interacciones, el uso del espacio público y la vida diaria de las personas que acudían al parque en plena crisis sanitaria.
En ese momento, recuerda, había la idea de que saliendo de la pandemia, íbamos a ser mejores personas, mejores seres humanos.
“Y lo primero que hicieron las autoridades fue prohibir primero que se hiciera ejercicio, segundo las cantinas y los bares, tercero los moteles y los hoteles y etcétera, y lo que yo observaba era que no era cierto que íbamos a resurgir como una nueva humanidad, sino que éramos la misma humanidad”, asegura.
“Prohibieron las cantinas, pero tomaron el parque como cantina, empezaron a vender cerveza ahí. Prohibieron los hoteles y tomaron el parque como hotel. Y vi muchas historias y están narradas aquí con lenguaje eufemístico, más suave”.
Con restricciones, miedo, aislamiento y cambios en las rutinas registró lo más apegado y fiel posible a todo lo que observó.
En “La vuelta al día en 40 parques”, que toma como referente el libro de Julio Cortázar “La vuelta al día en 80 mundos”, que a su vez parafrasea el libro de Julio Verne “La vuelta al mundo en 80 días”, comparte muchas historias chuscas.
“Casi todo era chusco de no ser por la tragedia que estábamos viviendo. Por ejemplo, un día un muchacho llegó con una bocina, con un sonido enorme, y puso canciones de bajo sexto y acordeón. Yo no identificaba ninguna, hasta que por allá una frase que decía Pero aquí no hay novedad... Entonces la crónica de ese día se llama así: ‘Aquí no hay novedad’”.
En realidad fueron días difíciles y se observaban muchas cosas, señala.
“En una ocasión vi a una muchacha muy guapa vestida como para una fiesta, cuando ahí la gente va en pants, en camiseta. Y ella iba bien vestida y con zapatillas de tacón, y dije ‘pues qué andará haciendo aquí esa muchacha’, y se me perdió de vista y al rato la veo regresar. Venía del súper. Se arregló así para ir al súper, esas eran las salidas”.
Escribir este libro para Jorge Gastélum, autor de numerosos libros académicos, sintió que volvía de algún modo al cuento.
“Yo tengo un tomo de cuentos que se llama ‘El loco Layo y otros materiales cuénticos’, que se publicó recientemente, pero ganó en 1980 el premio estatal de cuento, con un jurado muy prestigiado que era Juan de la Cabada, David Huerta, hijo de Efraín Huerta, y José de Jesús Sampedro, poeta de Zacatecas”.
Pero al final, fue un ejercicio con el método etnográfico.
“Yo lo hice como un riguroso ejercicio etnográfico. Fue sometido a pares a pares ciegos que resultaron ser investigadores de la UNAM, que mientras es la evaluación, ellas no saben quién soy ni yo sabía quiénes eran ellas.
Y cuando los lectores le dicen “Siento como si estuviera ahí”, se alegra pues esa era justamente la idea.
“En etnografía la idea es hacerle sentir al lector que está en presencia de lo que está leyendo.
Al final, cuenta una historia contemporánea de cómo una sociedad se adapta, resiste y se transforma cuando un virus obliga a repensar el contacto humano.