Canales y arroyos de Mazatlán, convertidos en tiraderos clandestinos
Con el inicio de la temporada de lluvias, la acumulación de basura en canales y arroyos de Mazatlán continúa siendo un problema que se agrava con el paso de los días, generando contaminación, malos olores y posibles riesgos para la salud de la población.
Durante un recorrido realizado por Noroeste, se constató que uno de los puntos más afectados es la extensión del arroyo Jabalines ubicada sobre la calle Fresnos, a un costado de la Secundaria Federal número 6, donde la vegetación ha crecido tras las recientes precipitaciones, pero también ha incrementado la presencia de desechos sólidos.
En este tramo del arroyo, que atraviesa la colonia Jacarandas, abundan botellas de plástico y vidrio flotando sobre el agua, además de cajas de cartón, pedazos de madera, baldes, prendas de vestir y otros residuos que son arrojados por habitantes de las invasiones asentadas entre el cauce y una empresa de productos lácteos.
Dicha contaminación no solo afecta la imagen del lugar, sino que representa un riesgo para la fauna que habita o transita por el arroyo, además de convertirse en un posible foco de infección, debido a que el cauce pasa a un costado de la Universidad Pedagógica de Sinaloa, por lo que diariamente circulan decenas de estudiantes y maestros.
Otro de los puntos donde la contaminación es evidente se localiza en el arroyo que cruza la avenida Insurgentes, entre la tienda Soriana y la colonia Tierra y Libertad, a la altura de las calles Río Yaqui y Río Sinaloa.
En tal sitio, además de la acumulación de botellas de plástico y bolsas con basura, se perciben fuertes malos olores provocados por las aguas residuales que corren por el canal. Durante el recorrido también se observaron muebles incendiados dentro del cauce, cuyo humo alcanza las colonias cercanas.
Aunque en las últimas semanas personal del Gobierno Municipal ha realizado jornadas de limpieza y desazolve en diversos canales pluviales como medida preventiva para disminuir el riesgo de inundaciones durante la temporada de lluvias, la problemática persiste debido a que continuamente siguen llegando nuevos residuos a los arroyos desde distintos sectores de la ciudad.
Pese a las acciones de limpieza por parte de las autoridades, los cauces pluviales y espacios naturales son utilizados como tiraderos clandestinos, una práctica que provoca contaminación y dificulta el adecuado flujo del agua durante las precipitaciones, tal y como se pudo ver también en el estero de Infiernillo.