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Infraestructura

Desde hace 4 décadas, especialistas advertían sobre la erosión costera en Mazatlán

Noroeste ha documentado durante años los riesgos de construir cerca del mar y modificar el equilibrio natural de las playas
11/10/2026 06:00

Los desprendimientos y socavones registrados en distintos puntos del malecón de Mazatlán han vuelto la atención hacia la vulnerabilidad de la infraestructura costera, un tema que Noroeste ya abordaba desde hace cuatro décadas, cuando documentaba con especialistas los riesgos de construir cerca del mar y modificar el equilibrio natural de las playas.

En un reportaje publicado el 16 de enero de 1987, el periodista de Noroeste, Juan Lizárraga Tisnado, abordó la transformación de las playas del puerto y los efectos que las construcciones hoteleras y las obras de protección podían tener sobre el equilibrio natural de la costa, particularmente en la Zona Dorada, entre Punta Camarón y Punta Sábalo.

En el texto, se recuperan las investigaciones de Ramón Peraza Vizcarra, especialista con maestría en Ciencias del Mar, quien explicaba que las playas son espacios en constante transformación por factores como el oleaje, las corrientes marinas, las tormentas y el movimiento de la arena.

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La advertencia conserva relevancia ante los daños registrados recientemente en distintos puntos del paseo costero, entre ellos el colapso de un tramo del malecón a la altura de la Avenida del Mar y los socavones reportados cerca del Monumento a los Lobos Marinos y junto al Monumento a la Mujer Mazatleca, en Olas Altas.

Aunque los daños actuales requieren dictámenes técnicos para establecer sus causas específicas, los antecedentes documentados hace casi 40 años permiten recuperar una pregunta de fondo sobre el desarrollo urbano de Mazatlán como lo es, ¿hasta qué punto se ha considerado la dinámica natural del mar en la construcción, protección y mantenimiento de la infraestructura costera?


Advertencias sobre la construcción junto al mar

En su reportaje de 1987, el periodista Lizárraga Tisnado expuso cómo los hoteles construidos cerca de la playa comenzaron a enfrentar problemas de erosión y recurrieron a estructuras de ingeniería para proteger sus instalaciones.

El artículo, publicado el 16 de enero de 1987, cita un artículo de Peraza Vizcarra titulado “Problemas de Conservación y Manejo de Playas Arenosas en Costas Tropicales”, que publicó la revista Ciencias del Mar, donde explica que el medio ambiente playa-duna está configurado, controlado y dominado por una combinación de factores físicos que actúan a largo y corto plazo, tales como: fluctuaciones del nivel del mar, almacenaje de arena en las dunas, corrientes a lo largo de la costa, a movimientos de arena perpendiculares a la costa, olas de tormenta y los patrones resultantes de la erosión y depositación de arenas.

“En muchos lugares del mundo se han perdido y se siguen perdiendo grandes cantidades de dinero y esfuerzo al pretender controlar artificialmente las playas para destinarlas a determinados usos o por el emplazamiento de estructuras tan cerca del agua como aparentemente pueda parecer seguro”, enfatizaba el especialista.

“El desconocimiento de muchos procesos naturales que tienen lugar en las playas ocasiona a menudo que se construyan obras que las afecta irremediablemente”.

Una de las mayores insistencias del oceanólogo mazatleco a lo largo de estos años en diversos artículos publicados en Noroeste es que las construcciones y estructuras debían estar al menos detrás de la línea de dunas que colinda con el mar, lo cual en Mazatlán prácticamente nunca se ha respetado.

Las autoridades, insistía Peraza Vizcarra, debían establecer una política de desarrollo de la zona costera de acuerdo con estrategias racionales de conservación no sujeta a los intereses de los turisteros inversionistas.

“Una mejor estrategia es el emplazamiento de todas las estructuras permanentes al menos detrás de la línea de dunas que colinda con el mar. Estas edificaciones de preferencia deben estar localizadas en lugares donde la vegetación más permanente sugiere una considerable protección y un medio ambiente más estable. Aun en estos sitios se deben tomar algunas medidas, como por ejemplo, la construcción de los edificios sobre pilotes con el objeto de proteger contra las perturbaciones severas que ocurren una o dos veces cada 100 años”, señalaba.

El oceanólogo Peraza Vizcarra advertía que los intentos por controlar artificialmente las playas podían terminar generando nuevas afectaciones, sobre todo cuando las obras se realizaban sin considerar los procesos naturales que determinan el movimiento de la arena y la transformación de la costa.

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Una discusión que vuelve con los daños del malecón

Los desprendimientos y socavones registrados en 2026 vuelven a colocar bajo análisis la relación entre el mar y la infraestructura construida a lo largo del litoral mazatleco.

El 23 de junio pasado se reportó un socavón cerca del Monumento a los Lobos Marinos, sobre la Avenida del Mar, meses después, el 8 de octubre, colapsó otro tramo del paseo costero a la altura de la calle Isla de Chivos, en el sector de la Laguna del Camarón, y al día siguiente se informó de un nuevo hundimiento a un costado del Monumento a la Mujer Mazatleca, en Olas Altas, tras días de presentarse un importante desgaste en su muro de contención.

Los daños han obligado a las autoridades a realizar evaluaciones y preparar trabajos de rehabilitación en diferentes puntos, sin embargo, la aparición de afectaciones en distintos sectores también abre la necesidad de examinar el estado de la infraestructura, los antecedentes de mantenimiento y las condiciones que pudieron contribuir a cada deterioro.

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La advertencia publicada en 1987 no demuestra que los problemas actuales tengan las mismas causas que la erosión observada entonces, pues se trata de daños en estructuras y lugares distintos.

No obstante, sí aporta un antecedente para analizar los efectos de la intervención humana en la franja costera y la importancia de que las obras se diseñen considerando las condiciones del entorno marino.

De esta forma, a casi 40 años de aquella publicación, la discusión planteada por Noroeste mantiene vigencia, al señalar que el mar modifica constantemente la costa y las obras construidas para contener sus efectos necesitan sustentarse en estudios técnicos, planeación y mantenimiento adecuados.

La cuestión que queda abierta es si las reparaciones actuales estarán acompañadas de una evaluación integral de los puntos vulnerables del malecón y de una estrategia preventiva que permita reducir el riesgo de nuevos desprendimientos y hundimientos, en lugar de limitar la respuesta a intervenir después de que ocurren los daños.

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